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La noticia de que hay empresarios interesados en la navegabilidad de los ríos parece sacada de la colonia, pero es cierta.
Entre las muchas riquezas naturales con que cuenta Colombia está la de los ríos; y es un hecho elocuente que al país lo bañan importantes corrientes fluviales a lo largo y ancho de su geografía convirtiéndolo en un territorio privilegiado. La tesis de que la economía se puede interconectar interna y externamente por medio de ríos data de las épocas del descubrimiento y ha sido impulsada durante la historia reciente por personajes de la talla de Mariano Ospina Hernández, director del Centro de Integración Fluvial de Sur America y director general de la Fundación Mariano Ospina Pérez, desde donde ha impulsado estas ideas por décadas.En pocas palabras, sobre el asunto hay suficiente ilustración y como casi siempre ocurre en Colombia, la puesta en marcha de proyectos ambiciosos y bien estructurados sobre el tema ha sido casi nula. Ahora aparecen grandes empresas, algunas multinacionales muy respetadas, con la noble intención de aprovechar los caudales de ríos como el Magdalena, Meta y Orinoco para ponerlos al servicio del comercio local y global. Los valles de los ríos Magdalena y Cauca han marcado el desarrollo del país desde hace casi 400 años y casi todas las grandes ciudades están ubicadas en sus márgenes o en sus zonas de influencia. Pero eso no quiere decir que vivamos de frente a los ríos, justamente lo contrario les hemos dado la espalda dejándolos como un obstáculo más que como una herramienta de competitividad, argumento que no pocas veces se ha repetido en nuestra historia con bastante insistencia.Nuestros líderes económicos desconocen por completo la red fluvial transitable conformada por unos 18.000 kilómetros de `navegación mayor permanente`, tal como ha sido catalogada y el potencial que esta tiene. Colombia posee una red de hidrovías natural que unen el centro del país hacia los cuatro puntos cardinales y conforman las vertientes hidrográficas del Magdalena, Orinoco, Atrato y Amazonas. Una situación como esta pocos países la tienen en el mundo y es una de las `joyas de la corona` que debemos empezar a desempolvar.Obviamente, el tema es muy polémico, pues atravesamos por tiempos en los que la conciencia ambiental está en su máxima expresión al punto de convertirse en fuerzas opositoras a todo lo que tenga que ver con desarrollo industrial o comercial y que afecte las riquezas naturales. El desarrollo sostenible, la explotación sustentable de un recurso natural como la red hídrica debe ser un reto para el país. Es un hecho que si no se hace se esta manera segura, los grupos al margen de la ley serán quienes se seguirán beneficiando de los ríos como los carreteables para sus fines maléficos en contra de la institucionalidad.
El conflicto global desatado en irán y que afecta a las grandes ligas de la producción petrolera, en algo debe beneficiar a Colombia que puede subir su producción a un millón de barriles diarios
Nada más ridícula que la guerra arancelaria entre ecuatorianos y colombianos bajo la excusa de falta de colaboración en materia de seguridad, en pelea de pobre siempre ganan terceros
Lo peor que le puede pasar a la economía es que los gremios y las instituciones de investigación empiecen a desconfiar de las cifras del Dane, en algo que mida hay que creer