sábado, 16 de mayo de 2020

Cuando todo es oscuro e incierto en la economía, la agricultura vuelve a sacar la cara en el PIB trimestral al registrar un crecimiento superior a 6% muy por encima de otros sectores

EditorialLR

Nada más reiterativo y cansón volver a decir que Colombia es un país con vocación agrícola, así lo ratifican las cifras que arrojan el comportamiento de la economía durante el primer trimestre del año, entre los meses de enero, febrero y marzo, justo los últimos días antes de que la cuarentena derivada del covid-19 frenara toda actividad comercial y productiva desde hace más de 50 días en todo el mundo.

El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) anunció que el PIB del primer trimestre de 2020 creció 1,1%, lo que representa una reducción de 180 puntos básicos frente al resultado del mismo periodo de 2019. Una cifra que era de esperarse por lo baja, pero muy positiva si se compara con la de otros países desarrollados y los emergentes del vecindario.

Y contracorriente fue la agricultura, la ganadería y la pesca, el sector que más creció con una variación anual de 6,8% lo que le permitió sumar 50 puntos básicos al crecimiento del PIB, ratificando que es la agricultura la actividad económica de mayor potencial en un país, que paradójicamente ha vivido de espaldas a lo que produce el campo y al mar.

Solo los subsectores de la pesca y agricultura crecieron 31,5%, mientras que, el cultivo permanente de café bajó 13,9%. El otro sector que reportó una dinámica positiva fue el suministro de electricidad y gas, con 3,4%, lo que aportó 10 puntos básicos al PIB. En la otra orilla está la construcción que pasó de -5,5% en el primer trimestre de 2019 a -9,2% en el mismo lapso de 2020, lo que borró la esperanza de recuperación presentada en el último trimestre de 2019, cuando hubo un alza de 0,2%.

Vale la pena resaltar que en los dos primeros meses del año, enero y febrero, las cosas no se habían perdido, tal como sucedió en la segunda quincena de marzo cuando fue declarada la pandemia global y los países tuvieron que decretar aislamientos y cuarentenas.

Pese a la cuarentena iniciada en la segunda quincena de marzo, el gasto del consumo final creció 3,7%, lo que se deriva de un incremento del gasto de 3,8% por parte de los hogares y de 3,2% del Gobierno. A los ojos del Dane, si la economía no se hubiese apagado a 100% durante la última semana de marzo, el PIB del primer trimestre habría sido de 4,1%, cifra en la que la agricultura sigue siendo protagonista.

La pandemia no vino sola, arrastró el enfrentamiento político entre rusos y árabes que derrumbó los precios del petróleo, afectando la economía colombiana aún dependiente de las exportaciones de crudo que le dejan la mayoría de las divisas que ingresan al país; hecho que vuelve a desnudar el nulo avance del modelo económico para avanzar en productos de exportación que empiecen a reemplazar (solo con el paso de los años) las actividades extractivas, que dicho sea de paso son volátiles y facilistas en términos de precios.

La pandemia le volverá a mostrar la vocación económica del país, que no es otra cosa que el desarrollo de una agroindustria tecnológica, digital, de alta precisión que haga realidad el sueño de volver a Colombia la despensa de la región. El experimento de una economía cerrada por el coronavirus le está enseñando a la clase dirigente que es vital volver a conceptos como la seguridad alimentaria y volver a proteger productos esenciales de la canasta familiar.

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