miércoles, 4 de septiembre de 2019

Oxford Economics, Bank of America Merrill Lynch y Bloomberg Economics redujeron sus pronósticos para el PIB en 2020 a menos de 6%, un golpe a las economías regionales

EditorialLR

Por estos días de guerra arancelaria entre China y Estados Unidos, surge un análisis que se desprende del viejo adagio popular que reza que cuando Estados Unidos estornuda, el mundo se resfría. ¿Qué le sucede al mundo si es la economía China la que sufre un resfriado? La primera respuesta inmediata puede decir que los consumidores estadounidenses representan 15% del PIB mundial, cifra muy superior a la de China que aún no llega ni a 5%, por tanto el consumo global sigue con epicentro en Norteamérica. Pero que China va a crecer por debajo de 6% en 2020, tal como lo acaban de pronosticar Oxford Economics, Bank of America Merrill Lynch y Bloomberg Economics, que redujeron sus pronósticos para el crecimiento del PIB en 2020 a menos de 6% como resultado de los crecientes riesgos de la guerra arancelaria con Estados Unidos, es un riesgo inesperado para la economía mundial, particularmente para América Latina, pues tres de sus grandes economía tiene como socio principal al gigante asiático, Brasil, Argentina y Chile. Crecer por debajo de ese nivel -considerado necesario para que el Partido Comunista cumpla sus propios objetivos a tiempo para el centenario de 2021- es una verdadera amenaza incluso geopolítica, dado que gran parte de la estabilidad global tiene que ver con que uno de los dos países más poblados del planeta está sacando a millones de personas de la pobreza al crecer desde hace casi dos décadas por encima de esa cifra mágica de 6%. El gran problema de China es que el actual enfoque del Gobierno, centrado en los estímulos, está resultando insuficiente y debe cambiar de modelo estatista, una faceta que no se ha desarrollado en toda esa economía. China se está absteniendo de recortar las tasas de interés o de inyectar grandes volúmenes de efectivo a la economía, pese a la desaceleración del crecimiento al nivel más débil en casi treinta años. Oxford Economics plantea que con todos los problemas a los que se enfrenta China, “se necesita más flexibilización de políticas para estabilizar de manera convincente el crecimiento económico”. El crecimiento económico de China probablemente se desacelerará a 5,7% en el último trimestre de 2019 y se mantendrá a ese ritmo en 2020 en términos generales.

Para que la economía global no cambie de norte de manera abrupta, China debe mantener su política de Bao ba, que asegura los crecimientos anuales de 6% para que sus más de 1.300 millones de habitantes tengan expectativas de salir de la pobreza. La estabilidad económica global depende en una buena parte de lo que suceda con China, que si bien representa solo una décima parte de la economía global, es un jugador muy importante en los mercados emergentes de los que no se excluyen los países vecinos.

El peligro de que China crezca menos de 6% en 2020 se empezará a sentir en el ritmo de las bolsas mundiales, que ya bajaron ante el temor de una posible restricción del crédito. Antes, las bolsas estadounidenses representaban casi la mitad del mercado secundario mundial, ahora el porcentaje es levemente superior a 24%; mientras que las bolsas chinas ya se acercan a 10%, una cifra que bien puede generar desestabilización si no se controla. La guerra arancelaria, que parecía tan lejana e inofensiva, ya empieza a mostrar su cara más terrible y no deja de asomar el espíritu de otra recesión.

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