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EDITORIAL El encanto de los presidentes candidatos
jueves, 4 de abril de 2013
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Nadie puede desconocer que Santos pisó el acelerador y que su frenética actividad se parece mucho a Uribe en reelección

Nadie puede desconocer que Santos pisó el acelerador y que su frenética actividad se parece mucho a Uribe en reelección 
 
El secreto del expresidente Uribe para mantener sus altos niveles de popularidad no es otro que conservarse en ‘modo campaña electoral’, que se traduce en cuidado en los detalles políticos y en una eficiente administración de la micropolítica. La gente ya casi olvida que el expresidente antioqueño se mantenía en campaña, buscando votos, prometiendo cosas, vociferando arengas, regañando alcaldes, gobernadores, pero especialmente trabajando hombro a hombro con sus funcionarios a lo largo y ancho del país. Era un ejemplo de trabajo de compromiso y de sumo amor por Colombia, para que las cosas mejoraran durante su larga administración. Y así, las cosas iban saliendo, y el país se mantenía en una percepción de cambios constantes en materia económica y de orden público. La sensación generalizada de esa forma de gobernar era que todo estaba saliendo bien y así lo reflejaban las encuestas.
 
Los cinco últimos meses del presidente Santos han sido más o menos iguales. Vemos una clara actuación de un ‘presidente candidato’ que hace trabajar a sus ministros; que recorre el país; que hace consejos comunales; que ejerce una diplomacia externa directa; que está encima de los embajadores clave; que pone a andar políticas públicas cruciales para el bienestar social, y que enfrenta eficientemente una andanada de opositores de altos quilates como son algunos de sus antecesores. El Santos de hace medio año es un Santos diferente que habla con industriales y exportadores; que se pone en mangas de camisa para influir ante los codirectores del Banco de la República para que frenen con sus herramientas monetarias la apreciación del peso, o que simplemente le pide cuentas claras a su jefe de la cartera de Agricultura por la desaceleración de su sector. Pero que no ha perdido el norte de que el bien superior para el país económico, político y social es conseguir un acuerdo de paz con los grupos guerrilleros. Y a partir de eso pacificar a los reductos que siempre verán en el narcotráfico y el terrorismo una forma de vida.
 
Son muchos frentes los que tiene que abordar un presidente, para ello tiene a sus ministros y a un nutrido grupo de consejeros, pero siempre la presencia del primer mandatario será fundamental en la solución de los asuntos de gobierno. Si comparamos las dos últimas administraciones y lo que llevamos de la presente, observamos que no solo la economía y los negocios necesitan de un presidente con una verdadera gana de mostrar resultados a sus electores. Lo malo del asunto es que la motivación subyacente de esta actitud de ‘pisar el acelerador’ no es otra que ser reelegido para un segundo mandato y no por la responsabilidad adquirida al ser elegido. Hay que enderezar piezas sueltas para verdaderamente ser una alternativa seria de reelección.
 

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