lunes, 19 de octubre de 2020

Es un hecho que la pobreza durante 2020 se va a disparar hasta 49% y que el país deberá atender a otros 10 millones de pobres, un frente de lucha económica que cambia la cartilla

EditorialLR

El escritor británico, Óscar Wilde, es una fuente inagotable de frases célebres; al menos es a quien más se le atribuyen, y esta que habla de pobreza y economía no es la excepción: “hablarles de economía a los pobres es a la vez grotesco e insultante, es como aconsejarle a una persona que está muriendo de hambre que haga dieta”.

El tema viene a colación por la polémica suscitada por la actualización de la línea de pobreza extrema per cápita publicada recientemente y que se mantuvo en $137.350 individuales, mientras que para un hogar de cuatro personas quedó en $549.400. Cifras que disparan una lluvia de críticas e interpretaciones, pero que se deben aceptar como un punto de partida para tratar de resolver uno de los problemas del modelo económico global más irresolutos.

La única realidad es que este 2020 que pronto llegará a su final disparará la pobreza colombiana hasta 49%, en pocos meses 10 millones de personas se sumarán a los pobres actuales y generarán un frente de problema que venía avanzando en soluciones estructurales.

Cuatro millones serán por la actualización de la medición y seis millones por la pandemia, una realidad que obliga al país entero a enfocarse en la situación que se vuelve más crítica si se suma la diáspora venezolana que se reactiva poco a poco como un efecto colateral del coronavirus.

Prácticamente, la mitad de la población colombiana estará en situación de pobreza y ese es un problema inédito que hay que enfrentar con soluciones. La pobreza extrema llegará a 14% con la probabilidad de que al menos cuatro millones de personas no estaban registrados como pobres o muy pobres.

Lo que ha hecho el Dane es corregir los errores del pasado en la medición y es una buena noticia, porque lo que no se mide no se puede evaluar ni comparar de cara al planteamiento de soluciones que deben involucrar a alcaldes, gobernadores, universidades, sector productivo y, por supuesto, al Gobierno Nacional.

Con base en la nueva metodología, que permite hacer la geografía total de la pobreza en Colombia, se pasó de 16,8 millones de personas en pobreza monetaria en 2018, a 17,4 millones en 2019, es decir, 35,7%, un alza de un punto porcentual entre ambos años.

La línea de pobreza monetaria per cápita se ubicó en $327.674, es decir que para un hogar de cuatro personas, llegó a $1.310.696; en un año unas 662.000 personas entraron en esa condición. En el caso de la pobreza monetaria extrema, más de 729.000 personas ingresaron a esta situación, pasando de 3,9 millones de personas en 2018 a 4,6 millones en 2019, es decir, 9,6% de los colombianos.

El punto de discusión real no debe ser que la línea de pobreza extrema per cápita se mantuvo en $137.350 y que para un hogar de cuatro personas sea $549.400; el verdadero reto y comienzo de la discusión es cómo solucionar el problema o por lo menos volver a cifras de antes de cuando inició la pandemia.
Se han abierto dos frentes reales de trabajo: la pobreza cabalgante y la precariedad como ausencia estatal o fracaso de políticas públicas.

La pobreza es un asunto que lleva años bajarla, pero disminuir la precariedad es más fácil si se usa como herramienta para que las personas en esa condición gocen de una mejor educación, salud, vivienda y recreación estatal. En todos los países desarrollados hay pobres, la diferencia es que en uno los pobres tienen menos precariedad que en otros, pues funciona el Estado.

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