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ANALISTAS Un hombre para recordar
miércoles, 22 de enero de 2014
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Por razones familiares, tuve la oportunidad de conocer al doctor Jorge Hernández Restrepo desde que yo era un niño. En aquel entonces me sorprendían dos cosas de él: su recia voz y su gran espalda. Luego supe que su desarrollado dorso se debía en parte al deporte de la natación, que practicó con gran éxito competitivo en su juventud. Mi padre y Jorge compartieron una afición: la cría de caballos criollos colombianos, especialmente en la modalidad de trote y galope. Hace unos 40 años Jorge le compró a mi padre la yegua Dinamita, ejemplar que se convirtió en base de su criadero, que con su perseverancia y capacidad gerencial, logró desarrollar una de las líneas de trote y galope más importantes que existen hoy en día en Colombia, el tradicional criadero La Mía.

Tenía Jorge esa dualidad tan propia de la cultura paisa: ser empresario y hombre de campo a la vez.  Era fácil verlo en un aeropuerto unas veces de corbata rumbo a Bogotá, como otras de alpargatas rumbo a sus fincas.  Para nadie es un secreto que detrás del desarrollo empresarial que han tenido El Colombiano y La República, siempre estuvo la visión de Jorge Hernández.  En éste sentido puedo dar testimonio de al menos dos cosas: la confianza que siempre depositó en las nuevas generaciones y su capacidad de delegar.  Siempre con su consejo, Jorge delegó en su sobrino Luis Miguel las riendas gerenciales de El Colombiano; en su hijo Juan Carlos las riendas gerenciales de La República; y en sus hijos Jorge Andrés y Ricardo las riendas gerenciales de sus actividades agropecuarias.

En los últimos años, Jorge estuvo empeñado en fortalecer la Fundación Julio C. Hernández desarrollando una universidad para los jóvenes del campo en el suroeste antioqueño.  Con gran éxito se han graduado ya varias cohortes en varios programas académicos.  Tengo también clara la visión del abuelo rebosante de alegría, con su bastón al aire, festejando los triunfos de sus nietas en competencias de chalanería y ferias exposiciones equinas.

Se nos ha ido un hombre de voz recia y pocas palabras.  Un hombre que propendió por el desarrollo empresarial y el desarrollo agropecuario.  Un hombre que desarrollo nuestra democracia a través del periodismo y la educación.  Un hombre que practicó la confianza y la solidaridad.  Un hombre generoso.  Un hombre que demostraba cariño con su mirada.