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ANALISTAS Otra ‘encrucijada del alma’ para Uribe
sábado, 1 de febrero de 2014
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Yo siento que al expresidente Uribe no le están saliendo bien las cosas. Y no es solo por los chiflidos y demostraciones en su contra en Tunja, Soacha, Palmira, Cúcuta y Neiva (hasta ahora) que no son multitudinarias, pero sí sugieren que el famoso 65% de popularidad del ex mandatario es un asunto muy dudoso, y que hay quejas, muchas y graves quejas por sus ocho años de Gobierno. Son las quejas concretas del agro, de las madres de desaparecidos, de las víctimas del paramilitarismo, que él pretende desconocer con el argumento de que quienes hoy lo rechiflan son enviados y amigos de “los narcoterroristas de la Far”.

Son los riesgos de estar en campaña y de haber aceptado la aventura enorme de dejarse contar, que nos permitirá saber en marzo si es cierto o no que los aplausos llegan a 65%, como Invamer porfía en decir. El golpe puede ser duro porque las cuentas que hace su grupo parecen muy alegres: hasta 35 senadores dijo alguna vez Fabio Echeverri que podrían obtener.

Tampoco creo que las cosas no le estén saliendo bien porque el Consejo Electoral le haya negado dos veces el logo con su foto y nombre, con el que pretendía arrastrar millones de votos, y que reconfirmaba sin sonrojos el carácter caudillista y mesiánico de su movimiento.

Ni siquiera, porque su candidato Óscar Iván Zuluaga nunca despegó y lentamente ha ido convirtiéndose en un convidado de piedra y casi en un mudo segundón. Cómo será de exagerada la forma en que Uribe lo opaca en las giras, que Ricardo Galán, exjefe de prensa del expresidente, puso un tweet el 20 de enero en el que colgaba una foto de Zuluaga y Uribe en un acto público en donde le preguntaban algo al primero y respondía el segundo. “Mientras esto pase, que le preguntan a @OIZuluaga, pero responde @AlvaroUribeVel candidatura no será tomada en serio”, escribía Galán.

Para completar su mal momento, recibe una “adhesión” que me parece no le suma y sí le resta: el acercamiento del expresidente Andrés Pastrana. Uribe, en su intento de conformar una fuerza en el próximo Congreso, necesita votos y está confiando en la opinión casi como única base de su caudal electoral. En su lista nadie los tiene y todos los demás partidos y movimientos son sus competidores. Cada quien, incluido el conservatismo, tendrá que pelear por su pellejo. El acercamiento de Pastrana, como artífice del enorme descalabro del Caguán (que le abrió las puertas de la presidencia a Uribe, justamente) implica una gran contradicción difícil de digerir, mucho más luego de ocho años de haberle hecho duros señalamientos a Uribe, algunos tan violentos como llamarlo amigo de los paramilitares y los narcos. Pastrana debe ser consciente de su “toque de Medusa” y por eso se abstuvo de hacer guiños y adhesiones en las presidenciales de 2006 y 2010, pero ahora vuelve envalentonado, como si gozara de respaldo, y opuesto al proceso de paz en el que él ni siquiera consiguió, a lo largo de tres años, el menor avance en ningún tema.

Tampoco es buena para Uribe, aunque muchos así la vean, la eventual unión con el conservatismo en una candidatura a la Presidencia. Y no lo es por varias cosas: la primera es que le da el sello al Centro Democrático de partido de derechas y ultraderechas que el uribismo ha tratado de matizar tanto. La segunda es que Marta Lucía Ramírez es una candidata tan floja o más floja que Zuluaga. Talentosa e inteligente, eso sí (como Zuluaga), no tiene ningún carisma; ha sido inconsistente y camaleónica en política: hasta el año pasado era una de las precandidata en el uribismo, antes estuvo con los verdes y ahora terminó regresando con los godos, con los cuales arrancó en los 90. Su desempeño en el Ministerio de Defensa no fue bueno; por eso en la crisis de gabinete de noviembre de 93, su salida estaba cantada. Todo esto se lo van a recordar ahora y varias veces.

Así las cosas, Uribe va a competir con los conservadores por las curules del Congreso pero quizá termine unido con ellos a la Presidencia en segunda vuelta, con lo cual va a tener no solo un candidato flojo sino dos, que tal vez consigan restarle votos a Santos e impedir su triunfo en el primer round, pero el precio será que ningún uribista llegue al segundo, y se abra la posibilidad de una interesante tercería contra el Presidente candidato. Es una encrucijada demasiado compleja para Uribe, porque una adhesión de Zuluaga a Ramírez, o viceversa, antes de mayo no tendría presentación; dejaría aún más a las claras lo mucho de farsa que tuvieron la convención del Centro Democrático y la del Partido Conservador.

Así las cosas, los tomates y chiflidos espontáneos contra Uribe en cinco puntos de su gira en apenas diez días deben ser hoy la preocupación menor para el ex mandatario, aunque le duelan en ese ego inmenso que tienen los caudillos.