martes, 8 de octubre de 2013
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A partir de los años noventa, cuando se inicia en nuestro país el proceso que se ha conocido como la “apertura económica”, Colombia decide insertarse en la economía internacional.

En ese entonces, la integración con la economía mundial se materializa a través de la regionalización, particularmente mediante el perfeccionamiento de la Zona de Libre Comercio Andina y de la Unión Aduanera entre Colombia, Venezuela y parcialmente Ecuador. El éxito de este proceso de integración regional, por lo menor en el campo comercial, se hizo evidente y llevo a que el país viera en estos instrumentos de carácter comercial una herramienta adecuada para el propósito de inserción en la esfera internacional. 

La prioridad se le otorgó, entonces, a buscar un acuerdo con el principal socio comercial, los Estados Unidos. En la búsqueda de dicho objetivo terminamos negociando con México y Venezuela el denominado Grupo de los Tres G - 3. El razonamiento era bastante simple y un tanto ingenuo, si los Estados Unidos ya se integró con México, una integración de Colombia con México nos coloca en mejor condición frente a otros países, en el propósito de una integración con los Estados Unidos. Esta estrategia, sin embargo, se ve frustrada por los acontecimientos políticos en el campo local. Difícilmente Estados Unidos iniciaría un proceso de integración con un Gobierno señalado de recibir contribuciones financieras por parte del narcotráfico, en el proceso electoral en el que es elegido dicho gobierno. 

Ante la imposibilidad de aparecer públicamente de manera individual en los escenarios internacionales, el gobierno decide subsumirse en la Comunidad Andina y seguir jugando, mediante la careta de la CAN,  en el propósito de la integración regional a través de apoyar la creación de una gran Área de Libre Comercio en las Américas, el ALCA. Por la vía del ALCA se podría, ahora en esta difícil coyuntura política, alcanzar el objetivo de formalizar un acuerdo comercial con los Estados Unidos. 

Como es de todos conocido, esta iniciativa se malogra por la disputa entre Estados Unidos y Brasil alrededor del tema de la agricultura y los servicios. Nuevamente se pone sobre la mesa la posibilidad de negociar acuerdos bilaterales con los Estados Unidos y Colombia retoma su propósito. Estados Unidos, por su parte, inicia negociación con Chile y posteriormente con Centroamérica y República Dominicana y solo después abre la posibilidad de una negociación con los países andinos. Esta decisión provoca un fuerte agrietamiento de la Comunidad Andina, que lleva al retiro de Venezuela de la CAN, desapareciendo la Unión Aduanera y retornando los  Andinos  a funcionar como una simple Zona de Libre Comercio. Es de señalar que en el camino de la negociación con Estados Unidos quedaron Bolivia, quien nunca inicio formalmente las negociaciones y Ecuador que se retiró al cabo de unas cuantas rondas de conversaciones. 

Finalmente, las negociaciones para contar con un TLC con los Estados Unidos culminan en noviembre de 2006, pero el acuerdo solo es posible ponerlo en vigencia en mayo de 2012, es decir casi seis años después, todo por cuenta del cambio en el escenario político en los Estados Unidos, donde los demócratas recuperan sus mayorías en la Cámara de Representantes y colocan este tipo de Acuerdos en el congelador. 

En el entre tanto, Colombia negocia acuerdos con Mercosur, el Triángulo Norte de Centroamérica, Chile, los países de la EFTA, la Unión Europea, Corea del Sur, Costa Rica, Panamá e Israel. 

Como se puede observar ha sido un proceso que no comenzó ayer y el cual no ha estado exento de vicisitudes. 

En nuestro país, sin embargo, algunos sectores le apostaron a que esta estrategia no funcionaría y que difícilmente se lograrían dichos acuerdos. Por ello, en vez de prepararse para la competencia trabajaron para impedir que ellos se materializaran. La estrategia incluyo campañas de desprestigio de  nuestro país en el exterior, para anular políticamente cualquier posibilidad de integración con nuestra economía. Ahora, ante su frustración, pretenden condenar y mostrar a los TLC como los causantes de todos los males que golpean a nuestro país. 

El hecho es que, mediante estos instrumentos, Colombia se ha abierto un espacio para sus productos y sus servicios en buena parte de la economía mundial. La tarea, sin embargo, no ha concluido, hay regiones como la asiática o el continente africano que es necesario explorar. 

A estas alturas, sin embargo, no es posible pensar en dar marcha atrás, es necesario seguir avanzando y hacer la tarea, tantas veces aplazada, en el campo interno para aprovechar las posibilidades que ofrece la economía internacional y también, no se puede desconocer, minimizar los riesgos que conlleva estar integrados a la economía mundial.