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ANALISTAS Las soluciones a la crisis de la agricultura en Colombia
lunes, 26 de agosto de 2013
La República Más
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No de la mejor forma el país urbano está enterándose, hoy más que nunca, de las vicisitudes que enfrenta la agricultura y de su importancia para la construcción y consecución de la paz.

Por muchos años, quienes hemos trabajado en este sector hemos reclamado del país urbano y de la opinión, embelesada con los índices accionarios y con las buenas noticias del petróleo y la minería, atención a una agricultura que ha sido duramente golpeada por múltiples factores como el cambio, la variabilidad climática, la revaluación del peso colombiano, como también por la insuficiente apropiación de recursos del presupuesto nacional para afrontar sus retos.
 
Y durante todo este tiempo muchos sectores de la agricultura han transitado por vías separadas, cada uno tirando para su lado, como se dice popularmente, pero ha llegado el momento de trabajar todos juntos, unidos, para salvar la ruralidad  colombiana. Todo ello con un enfoque de acción definido para acelerar los procesos de titularización y legalización de tierras, continuar en la senda de reconversión productiva que requieren los diferentes subsectores del agro, tener las apropiaciones necesarias de inversión en ciencia y tecnología y de asistencia técnica, tener cada vez más y mejor información sobre lo que realmente acontece y diagnósticos acertados que permitan realizar políticas apropiadas. También para generar bienes públicos sectoriales y subsectoriales, mejorar la infraestructura rural, ayudar al relevo generacional, definir estrategias de competitividad que no nos lleven a luchar en los mercados internacionales en desigualdad de condiciones con los productores de más bajos salarios.
 
Este diagnóstico que he querido compartir con ustedes es el que hemos venido realizando desde hace varios años en el sector cafetero. La visión de futuro de contar con una caficultura adaptada al cambio climático para evitar las vulnerabilidades que exhibió nuestro sector con ocasión de la ola invernal de 2008-2011, y que afectó visiblemente la productividad promedio de las plantaciones cafeteras, ha sido la prioridad de la Federación en los últimos años. Y la hemos cumplido. Los lectores recordarán a comienzos de año la discusión que se llevó a cabo en las páginas editoriales de los periódicos, escritos por importantes economistas, quienes expusieron sus puntos de vista sobre el efecto que podría traer un cambio en la productividad de pequeños productores con el cambio en el paquete tecnológico que la incremente. Pues bien, este trabajo silencioso pero certero, se está comenzando a reflejar en las estadísticas de producción cafetera. Los resultados saltan a la vista: en 2008 teníamos 61% de las plantaciones jóvenes y tecnificadas y hoy esta cifra alcanza 77%.
 
Actualmente, 57% de las plantaciones son resistentes a la roya mientras que hace 4 años, era apenas 30%. Por otra parte, hemos sembrado más de 700 millones de árboles nuevos de café en prácticamente la misma área, aumentando la densidad de los cultivos y reduciendo la edad promedio de las plantas de café de 12,4 a 8,2 años, lo que ha permitido aumentar la productividad de los más pequeños productores, algo impensable hace algunos años. Para muchos de ellos este gran esfuerzo, que ha implicado el acceso y trámite de 194.000 créditos por cerca de $1 billón para productores de menos de 5 hectáreas, significa una nueva capacidad instalada para los próximos 20 años y un mejor aprovechamiento de fincas cafeteras, optimizando así de manera directa y sustancial su patrimonio.
 
Este salto cualitativo y cuantitativo que estamos dando en la productividad habría sido imposible sin la participación activa de la Federación que articula eficientemente los más diversos componentes: el diseño e implementación de programas, acceso al crédito, provisión de servicios bancarios, variedades desarrolladas por Cenicafé, servicio de extensión de la institucionalidad cafetera, entre muchos otros componentes que hacen más efectiva la cadena de producción. 
 
De hecho, para orquestar este cambio y llevarlo a buen puerto, las instituciones han jugado un papel fundamental. No se construye y se desarrolla de la noche a la mañana una marca como Juan Valdez, una estrategia de valor agregado o una de adaptación al cambio climático sin la visión, experiencia y dirección de las instituciones. Aún en la actual coyuntura, es necesario tener presente que no se lograría distribuir de manera eficiente y transparente un subsidio como el que el Gobierno ha financiado bajo el Programa de Protección al Ingreso Cafetero, sin la presencia de instituciones fuertes que respaldan este proceder. Es necesario entonces una cabeza rectora que posibilite su funcionamiento con la aplicación adecuada de estrategias y eso es lo que hemos estado haciendo. De lo contrario, una producción acéfala, como quieren algunos, acabaría con resultados erráticos y nefastas consecuencias para la totalidad del gremio, echando por tierra un trabajo realizado durante años. Así lo reconoció el Presidente Santos en entrevista con el Presidente de la Cámara de Representantes, el doctor Hernán Penagos, al decir que sería “un sacrilegio permitir que se acabe el tejido social cafetero construido durante décadas”.
 
Es por ello que la Federación y sus Comités Municipales y Departamentales no solo agradecen a los demás sectores de la sociedad, incluidos los contribuyentes, el Congreso y el Gobierno, que han adquirido conciencia de las dificultades del sector agrícola y están dispuestos a darle la mano en estos difíciles momentos, sino que insiste en que las respuestas a estos retos no están en los paros y en las vías de hecho sino en el trabajo armónico, los consensos y diagnósticos documentados y en las instituciones como verdaderos dinamizadores del cambio.
 
En suma, quienes abogan por suprimir las instituciones no solo equivocan su diagnóstico en discusiones acaloradas y poco reflexivas, sino que ignoran el daño que le harían a los productores y a la paz del país.