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ANALISTAS Controversia proactiva y con altura
miércoles, 18 de diciembre de 2013
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Mientras todas las entidades públicas y privadas y en general los colombianos de buena voluntad, nos debatimos en buscar soluciones que permitan incrementar la productividad agrícola, especialmente la de los pequeños cafeteros campesinos, para que obtengan mayores ingresos, surgen voces creando controversias que bien pueden distraer la buena voluntad manifiesta, tanto del Sr. presidente Santos su actual Ministro de Hacienda y el honorable Congreso de Colombia.

La posibilidad de dar subsidios según el área cultivada, si bien simplifica el proceso de otorgamiento, va en franca contravía al mejoramiento de la productividad. Esta solución se convertiría en “un seguro a la pobreza”. Una acción loable pero meramente de caridad social que en nada apoyaría la productividad ya que premia a la pereza en demérito al esfuerzo que se requiere para mantener y aún mejor incrementar la productividad mientras se recuperan los precios y se devalúa forzosamente el peso colombiano como es predecible que suceda ante el eminente e improrrogable cambio en las políticas monetarias de los Estados Unidos. 

Un “seguro a la pobreza” no hará cosa distinta que incentivar el descuido de las plantaciones cafeteras y que más temprano que tarde van a solicitar también todos los demás “dignidades campesinas” de los diferentes sectores agrícolas del país,  que bien vale la pena aclarar están compuestos por 11,5 millones de personas con índices de pobreza del 68% y de miseria del 25%  según  análisis  de la Dirección Nacional de Planeación -DNP-

Los cafeteros nos hemos sobrepuesto a muchas crisis y seguramente superaremos la presente con el apoyo irrestricto del  gobierno que ha sido consciente  de la necesidad y trascendencia de procurar un mejoramiento en el bienestar social y económico del sector rural. Como dijo un campesino cafetero en alguna oportunidad “aunque la noche es más negra que otras que he vivido, espero con paciencia que amanezca y el sol vuelva a brillar“. Y así será.

Solicito respetuosamente la paciencia de mis amables rectores para reafirme en dos aspectos tratados en mi última columna:

La caficultura colombiana tiene que hacer un gran esfuerzo en la diversificación incorporando otros cultivos que les permita a los campesinos un auto abastecimiento alimentario para no depender únicamente del café que es de costosa instalación y mantenimiento, de tardío rendimiento y largos periodos de mala rentabilidad. La misma Federación de Cafeteros los ha sugerido e impulsado en diferentes oportunidades. La creación de granjas autosuficientes es una solución excelente y perdurable en el tiempo.

Igualmente los cafeteros en lo especifico y los agricultores en lo general no podemos dejarnos  clasificar  entre los que exclusivamente viven de la agricultura y aquellos que tienen otros medios de subsistencia, tratando de dividirnos entre pequeños medianos y grandes, entre “pobres y ricos” sin considerar que los unos dependemos de los otros  y que la actividad agrícola, así como el país mismo, es una sola unidad de varias capas sociales, de diversas regiones y que sin el bienestar de unos no sobrevive el bienestar de otros. 

Bienvenida la controversia proactiva que haga el debate con altura en busca de soluciones constructivas y duraderas.