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La moda del álbum Panini
Aunque está la percepción de que es caro completar el álbum del Mundial, datos indican que el incremento en el valor por lámina para esta edición es de apenas 2%
Cada cuatro años, cuando se acerca el Mundial, hay una tradición que revive entre las familias, amigos, compañeros y demás, un hábito que siempre estará: hacer y llenar el álbum de Panini.
Y es que esta práctica, más que un mero producto de fiebre futbolera, funciona como una moda que se reactiva cíclicamente y que, en países como Colombia, se convierte en conversación cotidiana, el mejor plan y dinámica social.
En medio de esta fiebre que vuelve con cada cita orbital, también se repite una afirmación instalada en el imaginario colectivo: que llenar el álbum es caro. Sin embargo, cuando se revisan las cifras reales del producto, su evolución histórica y la forma en que, efectivamente, se completa, la lectura es diferente a la percepción inicial entre el imaginario de la gente; no es tan costoso como se cree.
La percepción de que el de este año es muy costoso parte de un cálculo que se ha vuelto común por estos días en redes y conversaciones: multiplicar el número total de láminas por su valor unitario. Es clave, de ahí parte el análisis, tener en cuenta que este Mundial introduce un cambio estructural importante, porque pasa de 32 a 48 selecciones, lo que lleva el álbum de 680 a 980 láminas.
Pero Luis Felipe Gallego López, vicepresidente comercial de Panini Colombia, lo explica claramente. “Eso hace que, al haber más equipos, claro, se van a necesitar más láminas, pero por primera vez en los últimos cuatro mundiales, el valor por lámina no sube como incrementaban los mundiales anteriores contra su torneo antecesor. Y por esta razón, en Panini no estamos dando cinco caramelos como siempre traía el sobre, sino que para este son siete. Eso implica que se va a crecer el contenido en un 40% para ayudar a nivelar y compensar el incremento de equipos en el álbum. En resumen: el valor de llenarlo este año, multiplicando las 980 láminas por los $714 que vale cada una, es de $700.000. Pero hace cuatro años, el sobre valía $3.500, traía cinco figuras y cada lámina valía $700. Es decir, nuestro valor por lámina se incrementó solo 2%, $14, para esta edición”.
Ese dato es fundamental porque redefine el debate: el incremento del costo unitario es marginal en comparación con ciclos anteriores.
Para sustentar esa idea, Gallego reitera a la comparación histórica del producto. “En Catar 2022 el valor era de $700 por lámina, mientras que en ciclos previos los aumentos fueron mucho más pronunciados: pasamos de un 75% a un 67%, y ahora a un 2% por lámina”.
Es decir, aunque el álbum crece en tamaño, la presión inflacionaria sobre la unidad de consumo se reduce de manera significativa.
A partir de allí aparece otra cifra que es relevante en los diversos comentarios por estos días: los $700.000 que vale completar el álbum. El cálculo, en términos estrictamente matemáticos, es correcto si se asume que cada lámina se compra una sola vez y sin repetición. Pero el problema no es la operación, sino el supuesto.
El consumidor, el más importante en la cadena
El vicepresidente comercial de Panini Colombia refuerza esa idea desde la lógica del comportamiento real del consumidor: “la gran pregunta de todos los colombianos es si va a ser mucho más caro llenarlo, pero la respuesta clara es que el valor por lámina no incrementa como en mundiales anteriores”. Esto significa, palabras más palabras menos, que la cifra total no contempla cómo se construye realmente el álbum, sino cómo se vería en un escenario ideal inexistente.
“Panini une a los colombianos, a los amigos y a la familia. Lo que más promovemos es que la gente haga esto en equipo. Esto es un desafío colectivo que se vuelve un gran plan. De hecho, la pregunta aquí es, ¿cuánto pagaríamos por tener por dos meses momentos inolvidables que quedarán en nuestras memorias con nuestros hijos, nuestros padres, nuestros amigos, porque eso es lo que simboliza y significa. Inmortalizamos momentos, y eso vale más que muchas cosas”.

Esa frase cambia la lógica económica del fenómeno, porque introduce una variable que no aparece en el cálculo de los $700.000: la reducción del gasto a través de intercambio social.
Mientras que Lina María Bolívar, gerente de Panini Colombia, comenta que todo esto se complementa desde la dimensión cultural del fenómeno, que es la que explica por qué el álbum se sostiene generación tras generación. “Panini es el primer latido del Mundial”, señala, en referencia a que el torneo comienza a vivirse mucho antes del primer partido.
Y profundiza en su dimensión social: “es reunirnos en familia, estar juntos, ir a un centro comercial o lo que sea, pero es llenar en familia. Es la excusa perfecta para que el abuelo o el papá se siente con su hijo a conversar, a intercambiar, a compartir”. En esa lógica, el álbum deja de ser un objeto individual de consumo y se convierte en una herramienta de interacción social que pretende conservar o rescatar esa unión familiar tan importante.
Ese carácter colectivo también se refleja en la forma en que el producto se consume. Bolívar explica que “depende de cada presupuesto de cada hogar”, lo que implica que no existe una sola forma de llenarlo. Algunos consumidores optan por comprar cajas completas de 104 sobres para avanzar más rápido en las primeras etapas; otros prefieren conseguirlo de forma progresiva sobre a sobre; algunos más dependen casi exclusivamente del intercambio, que también es fundamental dentro de la estrategia de unir.
En la ecuación general entra este elemento clave que refuerza la idea de que no es tan costoso como se dice: el intercambio, precisamente. De hecho, la marca organiza jornadas en las que ellos, con el inventario de todas las laminitas, van a varios lugares a ser protagonistas de esos intercambios, para que la gente pueda entregar las repetidas y adquieran las que les faltan. Un ejercicio que todos hemos hecho alguna vez.
La gerente reitera ese elemento tan relevante, la expansión de esos puntos. “Tenemos cubrimiento en más de 42.000 puntos en todo el país”, agrega, y detalla que existen jornadas estructuradas en ciudades principales como Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y Bucaramanga. En esos espacios, los intercambios no son informales sino sistemáticos: “jugador por jugador, escudo por escudo, estadio por estadio”, lo que facilita completar el álbum sin necesidad de compra adicional.
Ese mecanismo reduce aún más el costo efectivo del llenado, aunque no aparece en la cifra teórica de los $700.000. Por eso, la discusión no es solo matemática, sino metodológica: qué se está midiendo cuando se habla del “costo del álbum”.
Esa dimensión explica por qué, más allá del precio, el fenómeno se mantiene vigente, incluso en contextos de inflación o de cambios en el consumo.
El comportamiento del mercado también refuerza esa lectura. Bolívar recuerda que en el Mundial anterior, cuando la Selección no clasificó, “Colombia le dijo sí a Panini esté o no esté el equipo nacional”, alcanzando niveles de venta cercanos al 99,9% del inventario.
Es un mensaje claro, la demanda no depende exclusivamente del rendimiento deportivo, sino de la tradición cultural que rodea al producto. Para esta edición, que saldrá al mercado el primero de mayo, activaron la preventa hace dos meses con unos inmejorables resultados.
Y en cuanto a quitar esa percepción del costo alto, ambos coinciden en que “la invitación que nosotros hacemos a toda Colombia es que nos sigan en los canales oficiales, donde nosotros informamos por medio de comunicados de prensa, a través de nuestras redes sociales, y estamos indicándole a Colombia la información real desde la marca”.
Vale la pena anotar que para esta edición, el álbum trae una innovación: láminas extra, no forman parte de la colección base, y son unos sticker donde saldrán los veintidós mejores jugadores del mundo, que vienen aleatoriamente dentro de los sobres de láminas que estarán en venta calle.
Así es la tradición de llenar el Panini, que cada cuatro años acelera la fiebre mundialista, nunca pasará de moda y que une a todos. Y un dato no menor: Colombia es el quinto país del mundo donde se venden más láminas en cada campeonato mundial, ranking que lidera Brasil.
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