La poeta abandonó a la editorial independiente que la publicó durante 14 años a pérdida y su ética ha sido puesta en tela de juicio

El Observador - Montevideo

Cuando un autor o autora gana el premio Nobel de Literatura se lleva algo así como un millón de dólares para la casa. Sin embargo la suma, increíblemente cuantiosa para los mortales de a pie y también para los siempre económicamente sufridos escritores, representa apenas una ínma parte de el cambio radical en la vida de los ganadores, porque tras el premio llegan también los focos, las notas de prensa, el entusiasmo por la obra, las editoriales interesadas y, por supuesto, las ventas.

El Nobel ha situado en el primer lugar del mercado a varios escritores antes no tan conocidos –véase Svetlana Aleksiévich o la reciente Olga Tokarczuk– y eso ha pasado también con la ganadora del 2020: después del anuncio de que la poeta estadounidense Louise Glück era la ganadora del año pandémico, las ventas de sus libros se dispararon. En todos los idiomas, incluido el español.

Y es ahí donde aparece la gran polémica de los últimos días, que ha aparecido en varios medios y que ha dejado a la escritora y a su agente en medio del ojo del huracán y la indignación del mundillo literario. La historia comienza con una pequeña editorial independiente española llamada Pre-textos, la única encargada de publicar a la poeta en español durante 14 años, un período de tiempo en el que según cuenta su editor Manuel Borrás siempre fueron a pérdida con las ediciones porque a Glück no la conocía ni la leía mucha gente. La cosa cambió rápido: apareció el Nobel y en Pre-textos tiraron la casa por la ventana.

Después de apostar por más de una década a la escritora estadounidense, había llegado la hora de cosechar lo sembrado y de recuperar lo perdido. Y lo comprobaron de entrada: enseguida después que se anunció el Nobel, la editorial pasó de vender 200 libros de Glück por año, a agotarlos todos en quince minutos.

Pero la alegría se disipó rápido. En cuanto el nombre de Glück se disparó, su agente Andrew Wylie –a quien conocen como “El Chacal” y cuyo grupo tiene los derechos de algunos de los escritores más prestigiosos, vivos y muertos, bajo su ala, entre ellos Vladimir Nabokov, Norman Mailler, Raymond Carver, Milan Kundera y Karl Ove Knausgard– cambió la jugada: empezó a “volantear” a la escritora a otras editoriales hispanas mucho más grandes y poderosas para conseguir un mejor contrato.

Como dato extra, lo hizo sin avisarle a los de Pretextos, que ya estaban haciendo cálculos de qué tanto iban a poder mejorar económicamente. Wylie lo hizo, además, con el permiso expreso de Glück. La falta de gratitud con la editorial que apostó por ella cuando nadie lo hacía no cayó, claro, muy en gracia.

¿Cómo se enteraron los editores de Pre-textos de la jugada? Por sus propios colegas. Les contaron que les habían llegado ofertas por la obra de Glück y que ellos ya no tenían los derechos. Que los catorce años apostando a una poeta desconocida habían sido en balde. ¿Lo peor de todo? Los agentes les han pedido que, dado que no poseen más los derechos, destruyan los libros que todavía no han vendido y permanecen en stock. "¿Cómo es posible (que pase esto) con catorce años de lealtad editorial, perdiendo dinero?", se pregunta Borrás, el editor y director de Pre-textos en una entrevista con El Condencial. "Hemos perdido dinero publicando a la Glück. Y siento dar este dato porque a mí no me gusta, pero ya que hablan de economía pues vamos a hablar de economía. Y a ver dónde Pre-Textos se ha beneciado con esta señora. Porque no nos hemos beneciado de nada, todo lo contrario. Cuando íbamos a empezar a resarcirnos, que evidentemente es después del premio Nobel, es cuando estos señores nos dicen 'corten' y que tenemos que destruir incluso los stocks y que de mutuo acuerdo con la autora se van con otro editor" agrega. "Es una actitud que conculca cualquier principio ético. Yo comprendo que haya otros editores que nos puedan tomar el relevo, pero que dejen que nos resarzamos de lo que tenemos. Si no quieren que reeditemos no vamos a reeditar, pero ¿que quememos nuestros libros? Y aparte con testigo ajeno a la editorial. Es un disparate". Borrás, además, ha dicho que por el momento no han tenido ningún contacto con la escritora, y que no tiene claro si ella, más allá del permiso que le brindó a su agente de salir a conseguir mejores contratos, está al tanto de la situación.

"También a esta señora le pueden estar contando historias para no dormir de nosotros. Vete tú a saber. Yo creo que sus agentes lo que están haciendo es defender unos intereses. Yo ni siquiera les tengo inquina a los agentes, lo que pasa es que hay modos y maneras. Que se dirijan a nosotros con un poco de respeto. ¿Dónde están esos catorce años de delidad? ¿Dónde están esos siete libros publicados de once? Es que no hay parangón en Europa.

No ha habido ninguna editorial que desde hace quince años haya apoyado a esa autora como lo hemos hecho nosotros" cuenta Borrás. De este lado del mundo también ha habido repercusión. Según publica el medio argentino La Nación, varias editoriales latinoamericanas y autores destacados –entre ellos Jorge Fondebrider, Darío Jaramillo, Lina Meruane, Daniel Guebel, Ariana Harwicz e Inés Garland– publicaron una carta rechazando la situación.

"Creemos que editores y autores deben ser aliados en las buenas y en las malas, los escritores, y por eso los traductores y editores que rmamos esta carta abierta queremos dejar sentado nuestro descontento por una práctica cada vez más frecuente que denigra la conanza, conspira contra la lealtad y condena a la literatura a ser un producto más del mercado, relativizando los valores humanos de los que se supone debería ser portadora", dice la carta replicada en La Nación.

Para colmo, el tiro parece haberle salido por la culata a Wylie, ya que según reporta La Vanguardia, a raíz del descontento generado por la situación ninguna editorial hispana tiene deseos de agarrar "el hierro caliente", por lo que la posibilidad de leer a Glück en español se empieza, poco a poco, a comprometer. Para empezar, Planeta y Penguin Random House –los dos grupos editoriales más grandes y poderosos en este idioma– ya le dijeron que no y las editoriales más pequeñas parecen ir por la misma senda. ¿Qué sucederá con el caso? No está claro. Pero lo que si queda patente es que los primeros días de Glück bajo los focos posteriores del Nobel no ha sido, por el momento, los más felices.