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OCIO Coetzee escribe bien, no solo por el manejo de su lenguaje
jueves, 4 de abril de 2013
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Joaquín Peña Gutiérrez

Cuando le preguntaron a Gabo cuál era el compromiso del escritor, él, como si fuera viejo y sabio, eludió el carácter político de la pregunta y respondió sin parpadear, El único deber del escritor es escribir bien.

Y se le creyó. ¿Cuántos y cómo quisieron jugar con esta papabomba? No se sabe. Pero se intenta una respuesta con base en la vida y la obra de otro grande, J. M. Coetzee, quien escribe muy bien.

Conoce y domina a la perfección un instrumento básico de trabajo; la palabra, el idioma y su gramática. Estos elementos, en sí mismos, no constituyen literatura; pero sin su manejo la literatura no existe.

Le son familiares la literatura y la gramática literaria desde Homero hasta él. Significa que posee a disposición los recursos técnicos y no técnicos que le permiten crear; no repetir ni repetirse. Fuera de ciertos rasgos más o menos constantes en sus novelas como la narración en presente; el uso de la primera persona y el dialogismo; la presencia de pocos personajes; una posición ética que no conoce vacilación, ¿alguno de sus lectores puede afirmar que de su primera novela, ‘Duskland’, 1974, a la última que se conoce, ‘Diario de un mal año’, 2007, hay reiteración que lo acerque a lo que se puede llamar empleo de fórmulas o a un escritor viejo? En este sentido, escribir bien puede indicar que se es creativo.

En el tiempo de la velocidad, la fragmentación, la terminación (falsa) de la historia, de la mayor injusticia y explotación en el mundo; de la aceptación de todo como legítimo, hoy, escribir bien, como lo hace Coetzee, consiste en no transigir, en no ceder desde la obra, incluidos libros de ensayo como Contra la censura, con la mentira y el poder; con cosas, situaciones, personas, estados que le hacen mal al hombre y a la vida. El cumplimiento de esta responsabilidad, política y más que política, en Coetzee significa escribir bien.

En un ensayo de su libro ‘Costras extrañas’ cita a una novelista que se pregunta sobre la manera como los escritores surafricanos (negros) han resuelto o han de resolver las demandas que se les plantea como ciudadanos y como creadores literarios dentro de ese monstruo humano que se llamó y se llama apartheid. No se sabe cuánto le costó a él, a Coetzee, resolverlo, pero haberlo resuelto de manera correcta, también hace parte de escribir bien. (En dos oportunidades ganó el premio del CNA, Consejo Nacional Africano, el partido político de Mandela). Un último aspecto, por ahora. Coetzee, descendiente de colonos holandeses en Suráfrica, no cierra los ojos ante la actuación en tierra y cultura extraña ni de sus antepasados ni de sus contemporáneos de etnia (hay que decirlo así), al igual que la descendiente de colonos europeos protagonista de su novela ‘La edad de hierro’. Traza un arco de rompimiento y reivindicación de una realidad que le era favorable y legal pero injusta para todo el mundo. Esto se levanta desde un escepticismo que le permite ver al mundo de manera desapasionada, aguda, casi que imparcial, y no deja ni que la política ni la ideología maltraten su creación.

¿Esto influye en el cumplimiento del compromiso del escritor?

Sin duda. La asimilación reveladora del mundo y más cosas, son algunos factores que intervienen en el hecho de escribir bien. A Coetzee le son muy familiares y los domina. Por eso escribe sumamente bien.

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