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Venezuela: un colapso permanente

sábado, 1 de abril de 2017
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Sebastián Bitar

El petróleo ha dejado de sostener a los venezolanos, pero no solo por la caída de precios. En Venezuela el sector petrolero se le entregó a un grupo inepto de seguidores políticos y militares, hiriendo la capacidad técnica y gerencial del sector, y asegurando que la producción disminuyera considerablemente. El sector petrolero, a través de Pdvsa, se convirtió en responsable por la provisión de alimentos en el país, terminando en un pésimo manejo que dejó recientemente 80.000 toneladas de alimentos vencidos después de ser importados. La incapacidad del Gobierno de ofrecer servicios básicos a la población no es culpa de los precios bajos del petróleo, sino de la ineptitud, corrupción y falta de capacidad gerencial del gobierno.

El colapso más reciente fue el de las instituciones democráticas. Venezuela, desde Chávez, ya venía operando un sistema político de “autoritarismo competitivo”, donde se atacaban constantemente las protecciones mínimas a los derechos políticos, la independencia de la prensa y la separación de poderes, pero al menos habían elecciones semi-competitivas donde la oposición podía aspirar a ganar espacios de participación en la Asamblea Nacional y algunas gobernaciones y alcaldías. Desde que la oposición ganó la mayoría en el legislativo, en contraste, Maduro ha avanzado más y más hacia el gobierno unipersonal. 

El último paso en la erosión de la democracia en Venezuela fue la decisión del Tribunal Supremo de Justicia, bajo control del gobierno, de sustituir al Legislativo. Esto equivale a un autogolpe de Estado, similar al de Fujimori en 1992, que le da al presidente control sobre la ley. El régimen constitucional en Venezuela fue suspendido, así el Gobierno se esfuerce en enmascarar esto como una medida legal, y ahora el poder está formalmente en manos del presidente. 

Con este panorama tan aterrador, ¿cómo puede sobrevivir el régimen de Maduro? Lamentablemente, es la misma corrupción y acumulación del poder lo que evita que se derrumbe. A pesar de que el petróleo ya no alcanza para importar medicinas, alimentos, artículos de aseo y suministros para la producción, este sí alcanza para mantener a los aliados políticos de Maduro, incluyendo los militares, contentos. 
Venezuela sigue recibiendo suficiente dinero para mantener una clase política, militar y económica cercana al régimen con muchísimo capital, mientras que la gente sufre en las filas de los almacenes y los niños mueren de infecciones simples en los hospitales.

El régimen venezolano puede continuar, tambaleándose pero sin caerse, mientras no se termine el apoyo de esa clase política y, sobre todo, de los militares. Para garantizar ese apoyo, las concesiones del Gobierno a las fuerzas armadas cada vez son más grandes, y han llegado al absurdo de regalarles una petrolera, nombrarlos en altos cargos del gobierno y de las empresas del Estado, y evitar que sean perseguidos por acusaciones de actividades ilícitas. 

Mientras el apoyo se mantenga Maduro podrá seguir en el poder, a pesar de que la democracia y la capacidad del Estado de responder a las necesidades de los ciudadanos ya hayan colapsado.

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