Vacunas para tratar otras enfermedades han tardado más de 40 años en ser aprobadas para distribución por las autoridades sanitarias

Sofía Solórzano C - lsolorzano@larepublica.com.co

Desde hace siglos se ha puesto en manos de la ciencia la necesidad de encontrar la cura para las enfermedades que aquejan a la humanidad. 2020 no fue la excepción, pero hay algo que sí cambió frente a otros años y es la velocidad con la que se aprueban los diferentes medicamentos, o más específicamente, las vacunas.

La del covid-19 ha sido un caso excepcional, pues tardó menos de un año en aprobarse para uso y distribución, mientras que otras vacunas, como la del polio o la malaria han tardado más de 40 años en conseguirlo. Incluso, hay otras como la de la Malaria, el Sida o el Zika que no han llegado al final del proceso.

Según explicó Jelen Restrepo, directora científica de Nanomat, tener al alcance conocimientos previos sobre los virus Sars-cov y Mers-CoV, que habían ocurrido en años anteriores, permitió a los científicos e investigadores omitir el paso de exploración y diseño de la vacuna, lo que se vio reflejado en una menor cantidad de tiempo.

“Normalmente, cuando uno tiene vacunas tradicionales los procesos duran tantos años porque se comienza un trabajo exploratorio. Pero, los datos de desarrollo preclínico que se tenían con respecto al Sars-cov y Mers-CoV evitaron que se dieran el paso inicial de una vacuna exploratoria y esto ahorró una cantidad considerable de tiempo”, precisó Restrepo.

Hay que tener en cuenta que para que una vacuna sea aprobada las desarrolladoras deben pasar por varias etapas; después de la exploratoria, se encuentra la etapa preclínica, en la que se evalúa cómo podrían responder los humanos a las dosis; luego se realiza el desarrollo clínico, que requiere de tres a cuatro fases; y, finalmente, la aprobación y regulación por las autoridades (Ver gráfico).

En el caso de la vacuna de Pfizer y BioNTech, que fue la primera en la carrera, para noviembre ya había llegado a la fase tres, y ya se conocía que las dosis tenían una eficacia de 95%, por lo que las farmacéuticas pudieron empezar el proceso de aprobación de uso de emergencia en los países.

LOS CONTRASTES

  • Luis Alejandro GómezDirector de Maestría Salud Pública

    “Es lo menos usual, porque normalmente el desarrollo de vacunas toma mucho tiempo, toma más años, eso implica que se hagan pruebas de más largo plazo”.

  • Claudia Marcela VargasDirectora de la Fundación Ifarma

    “Los esfuerzos se han concentrado y se ha acelerado el proceso de investigación normal debido a la emergencia y al impacto que está teniendo el covid-19”.

“Todos los países del mundo han tenido que adaptar sus sistemas de registro sanitario para poder hacer esta aprobación acelerada de las vacunas”, señaló sobre el proceso actual Claudia Marcela Vargas, directora de la Fundación Ifarma y docente de la Universidad Nacional de Colombia.

Además de la ventaja con la que contaba esta vacuna, la necesidad de una cura para frenar la mortalidad, que ya completa 1,73 millones de víctimas a nivel mundial; y la de levantar las economías afectadas, también pudo impulsar el rápido actuar de la industria farmacéutica.

“Se ha hecho, afortunadamente porque las compañías se tomaron mucha conciencia de la prioridad que significaba el desarrollo muy rápido de una vacuna dada la expansión y la celeridad de la patología de la covid-19”, comentó Luis Alejandro Gómez, director de la maestría de salud pública en la Universidad El Bosque.

Lo cierto es que la aprobación de las vacunas covid en tiempo récord no solo se convierte en un alivio global, sino que también pone el ojo público sobre la industria farmacéutica y los posibles avances para erradicar otros virus mortales.

¿Cómo avanzan las vacunas para el covid?
Si bien algunas vacunas se han popularizado más que otras, como la de Moderna, Pfizer o la rusa Sputnik V, que ya se han usado para vacunar a miles de ciudadanos en varios países, lo cierto es que hay más de 92 vacunas que se están desarrollando en el mundo para combatir el covid-19.

Un conteo del New York Times muestra que, de ese total, 44 se encuentran en fase 1; 21 en fase 2; 18 en fase tres, que están muy cerca a la aprobación; otras 5 tienen acceso limitado; 3 han sido aprobadas y solo una fue abandonada tras las pruebas de eficacia.