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Brechas entre ricos y pobres se reducen.
Gran parte de este cambio se explica por la transformación económica en países que históricamente tenían ingresos más bajos
Aunque muchas personas sienten que la desigualdad económica está creciendo, los datos sobre consumo cuentan una historia más amplia. Un análisis de The Economist muestra que, en las últimas dos décadas, la distancia entre lo que gastan los hogares más ricos y los más pobres del planeta se ha reducido de forma importante.
Para comprenderlo de forma simple, puede pensarse en dos hogares ubicados en extremos opuestos de la escala de ingresos: uno con alto poder adquisitivo y otro con recursos limitados. A comienzos de los 2000, el hogar con mayores ingresos tenía la capacidad de gastar cerca de 40 veces más que el de menores ingresos. En la actualidad, esa diferencia se ha reducido a alrededor de 18 veces. Esto no implica que la desigualdad haya desaparecido ni que todos tengan condiciones económicas similares, pero sí muestra que, en términos globales, la capacidad de consumo se está acercando gradualmente. En otras palabras, los hogares de menores ingresos, en promedio mundial, han ganado terreno en su capacidad de compra frente a los hogares más ricos.

Gran parte de este cambio se explica por la transformación económica en países que históricamente tenían ingresos más bajos. Por ejemplo, hace aproximadamente 25 años, el gasto promedio de un ciudadano estadounidense superaba en más de 16 veces el gasto promedio de un ciudadano de India. Hoy esa diferencia es menor a ocho veces. Este cambio refleja no solo el crecimiento económico de países emergentes, sino también la expansión del acceso a bienes que antes estaban concentrados en economías desarrolladas, como tecnología, servicios financieros, educación privada o los servicios digitales.
Dicho de otra manera, el consumo en muchas economías en desarrollo ha crecido a un ritmo más acelerado que en las economías más ricas, reduciendo así la brecha global. Esto no significa que los países ricos estén retrocediendo, sino que los países de ingresos bajos y medios han logrado avanzar más rápido en términos relativos.
En China, por ejemplo, el gasto anual por persona medido en paridad de poder adquisitivo aumentó de cerca de US$5.340 en 2015 a US$9.710 en 2025. Este salto refleja un cambio en el nivel de vida promedio. Llevado a un escenario cotidiano, esto significa que un hogar que hace una década apenas podía destinar recursos a bienes básicos y algún gasto ocasional en entretenimiento, hoy tiene mayor margen para acceder a servicios, tecnología, educación y transporte de mejor calidad.
El principal motor detrás de esto ha sido el crecimiento más acelerado de las economías de ingresos bajos y medios. Cuando los ingresos aumentan, también lo hace el consumo: los hogares mejoran su alimentación, acceden a más servicios de salud, invierten en educación y adquieren bienes duraderos, señaló The Economist.
Sin embargo, este fenómeno no ocurre de la misma forma en todos los países ni dentro de cada economía. En varias economías desarrolladas, la desigualdad interna ha mostrado aumentos en determinados periodos. En la última década, por ejemplo, la distancia entre 10% más rico y 50% más pobre ha crecido en países como Japón, Dinamarca, Islandia y Suecia.
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