Varios locales ahora invierten en asegurar fachadas para evitar daños luego de las manifestaciones

Joaquín M. López B.

Un lado de las protestas son las personas que salen a marchar, pero otro son los comerciantes preocupados por lo que un día de manifestaciones puede significar en sus cuentas.

Pero esto incluye no solo a las grandes empresas con sus sedes en lugares como la Carrera Séptima en Bogotá, sino también a los pequeños comercios como cigarrerías, cafeterías, locales de ropa, etc. Para este grupo, cálculos de Fenalco hablan de que a nivel nacional puede haber una caída de ventas de entre 60% y hasta 80%, especialmente teniendo en cuenta las manifestaciones de altas proporciones como las de hoy.

Incluso el gremio también habló de una afectación de 70% en la productividad de los negocios, es decir, de las actividades que se podrían realizar.

De hecho, el director de Fenalco Bogotá, Juan Esteban Orrego, dijo que “las marchas realizadas en los últimos meses han dejado graves pérdidas para el comercio de la ciudad. No solo en las ventas, sino también en los daños físicos en fachadas y vitrinas, superando en un solo centro comercial, los $200 millones”.

Precisamente este punto es la preocupación adicional de los comerciantes. Además de un día de pérdidas, están las consecuencias para las horas siguientes que se traducen en gastos para arreglar fachadas que resultan de los grafitis en las paredes; o cuando hay tropeles, aparecen ventanas rotas, golpes a puertas o mobiliarios.

¿Cómo se preparan?
En zonas por donde pasarán las marchas, algunos comercios o sedes de entidades financieras están irreconocibles. Esto porque sus fachadas fueron cubiertas con lata y madera para prevenir los daños. Algunos apuestan por cubrir con drywall las paredes y hasta los letreros por completo. “Muchas personas están pensando en que es mejor pagar entre $2,5 millones o más para cubrir sus negocios de siete metros de ancho por cuatro metros de alto; a tener que pagar $1 millón por cada puerta de vidrio que queda inservible”, dijo Carlos Morales, propietario de la Ebanistería Central, a la que han llegado pedidos para quienes se preparan de cara a este jueves.

Pero la gran mayoría opta por cubrirse con sus puertas de seguridad y rejas ordinarias, pues un cálculo de la Cámara de Comercio de Bogotá muestra que de 50 locales que hay en el centro de la capital, 40 son de pequeños comerciantes; y este tipo de negocios no tienen capacidad para invertir en trabajos de ebanistería. “Algunos siguen abiertos porque son de comidas, pero el problema es que hay mucha gente aunque consumiendo solo agua o gaseosa”, agregó Carlos Sabogal, propietario de La Puerta Falsa.