Expertos dicen que las consecuencias más significativas de la crisis se verán en el largo plazo, pero los primeros signos se reflejarán en el IPC

Adriana Carolina Leal Acosta

La rápida propagación del Covid-19 en el mundo, así como la caída del precio del Brent que se negocia a US$34 el barril y llevó a la tasa de cambio a $4.000, se sumaron para formar lo que los expertos han llamado una ‘tormenta perfecta’, que está presionando a la economía.

Y si bien las consecuencias más fuertes derivadas de este fenómeno se sentirían en el mediano y largo plazo, según Juan Daniel Oviedo, director del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), “la primera señal que daría cuenta del impacto del Covid-19 en la economía local será la de la variación en los precios, es decir, el IPC que en este momento estamos midiendo y conoceríamos en abril”, dijo el funcionario.

Cabe señalar que las previsiones que habían hecho previamente distintos centros de pensamiento, incluyendo el Banco de la República, apuntaban a que la inflación tendería a caer después de mitad de año hasta llegar a 3% en diciembre, o incluso, un poco menos; pero con la coyuntura y la incertidumbre derivada de esa situación, el escenario es cada vez menos previsible.

LOS CONTRASTES

  • Marcela EslavaProfesora de economía asociada a la Universidad de los Andes

    "Una eventual subida de la inflación, partiendo de niveles tan bajos como los de la última década, debe ser una preocupación de menor orden comparada con la fuerte desaceleración de la actividad económica. De hecho, esa misma desaceleración constituirá un freno para la inflación que contrarrestará, al menos parcialmente, el efecto de la devaluación. Además, desde la crisis de 2008 y su consecuencia de bajísimas tasas de interés en el mundo, se discute en el mundo entero la conveniencia de elevar las metas de inflación. Este parece un momento particularmente propicio para seguir esa recomendación, privilegiando la defensa de la actividad económica sobre la de la baja inflación"

Por esa razón, José Ignacio López, director de Investigaciones Económicas de Corficolombiana, dijo que si el panorama no mejora en el corto plazo, la inflación en 2020 podría llegar a 4%, nivel que no se veía desde 2017, cuando fue de 4,09% y fue consecuencia de una mantenida devaluación, por la caída de los precios del petróleo de 2014.

“Hay presiones que se podrían materializar dentro de tres a seis meses y eso nos podría llevar a que dentro de esos meses la inflación llegue a 4%, que es el límite del Banco de la República. Sin embargo, no pensamos que se vaya a desbordar más porque un componente del choque, que es la caída del precio del petróleo, sería temporal, y con eso la economía mundial debería empezar a recuperarse”, explicó López, quien añadió que si la devaluación se mantiene por más de seis meses, entonces la inflación sí podría superar ese techo.

Juan Carlos Echeverry, exministro de Hacienda, señaló que la última vez que hubo una devaluación que le pegó al IPC, “fue de 70%, que fue permanente de dos o tres años, entre 2014 y 2017”.

En la misma línea, aunque con una proyección un poco más optimista, se encuentra el análisis de la Asociación Nacional de Entidades Financieras (Anif), quienes han señalado que si bien los resultados recientes de la inflación (de 3,7% anual) aún ubican esta variable dentro del rango meta del Emisor, “existen riesgos importantes para que, vía este incremento en los bienes importados, la inflación total se ubique cerca del techo del rango meta en 2020. De mantenerse la devaluación anual en 7,5%, la inflación total podría incrementarse hacia el rango 3,7% y 3,9% al finalizar 2020”.

De acuerdo con este centro de pensamiento, en caso de materializarse este nuevo escenario, el Banco de la República podría verse obligado a realizar una contracción de la política monetaria a través de un aumento de las tasas de interés que se han mantenido estables por 23 meses en 4,25%.

Y aunque ese cambio no se haría de manera inmediata, sería necesario en el segundo semestre del año, “lo cual tendría efectos en la demanda agregada del país”, concluye Anif.

Ahora bien, todos los expertos coinciden en que la situación es muy volátil y si, por ejemplo, Arabia Saudita y Rusia llegan a un acuerdo de precios del crudo en las próximas semanas, la presión sería cada vez menor.

El principal impacto se verá en la desaceleración económica
Juan Carlos Echeverry, exministro de Hacienda y Marcela Eslava, economista de la Universidad de los Andes, coinciden en que la desaceleración económica será la consecuencia de la crisis. “Una eventual subida de la inflación, partiendo de niveles tan bajos como los de la última década, debe ser una preocupación de menor orden comparada con la preocupación de una fuerte desaceleración de la actividad económica. De hecho, esa misma desaceleración constituirá un freno para la inflación”, señaló la académica.