Más de 50.000 obras sociales de la Iglesia católica están en riesgo por el cierre de templos, podrían soportar hasta agosto

Joaquín Mauricio López Bejarano - jlopez@larepublica.com.co

El 15 de marzo fue el último día en el que por lo menos en ciudades como Bogotá, los católicos pudieron ir a la tradicional eucaristía de domingo. Para esas fechas ya había casos de covid-19 en Colombia, y algunas iglesias empezaron a ver menos gente de lo normal. La comunidad religiosa no se esperaba que una semana después tendría que cerrar las puertas en todo el país.

Y el problema detrás del confinamiento es que del funcionamiento de más de 5.000 grandes templos y pequeñas parroquias en Colombia dependen entre 50.000 y 80.000 obras sociales como colegios; ancianos que viven en hogares católicos, y esa es su única opción en la vejez; centros de rehabilitación; o simplemente poblaciones vulnerables que reciben un mercado de la iglesia de su barrio; por mencionar solo algunos casos.

A comienzos de este mes, mientras el Papa Francisco, nombraba a Monseñor Luis José Rueda, como Primado de Colombia, el religioso no se imaginaba que tendría que liderar una de las crisis económicas más fuertes para la Iglesia a nivel nacional; pues según contó, 90% de los ingresos de las comunidades católicas provienen de las donaciones de sus feligreses, y desde ya le preocupa que además de las obras sociales, tienen que afrontar la nómina de miles de empleados y, según dijo a LR, “la quiebra total sería en agosto”.

Ya van más de 90 días de iglesias cerradas por la pandemia, ¿cómo se han sostenido las comunidades religiosas?
Empezando por las mismas parroquias, porque cada una se sostiene en 90% de las colectas, ofrendas y diezmos que las personas, los feligreses aportan. Entonces, en torno a una eucaristía hay un sacristán, unos aseadores, están los emolumentos del sacerdote, porque a diferencia de estados como los europeos donde del mismo aporte de los ciudadanos se saca para el sostenimiento del religioso, en Colombia no, nosotros vivimos de lo que contribuye la comunidad.

En este tiempo ni les hemos pedido, ni han podido dar. Pero no solo es el sacerdote, está el campanero, el colaborador, quienes ayudan con el canto. Para ellos hemos tenido que recurrir a los recursos ahorrados, pero esos son los que ya se están acabando.

¿Es decir que tendrían que terminar contratos?
Les hemos cumplido y hemos querido mantener las nóminas porque sabemos que despedirlos es lanzarlos a la hambruna, a la necesidad y a la protesta social. Entonces los hemos sostenido como criterio, pero ya no tenemos de donde echar mano.

LOS CONTRASTES

  • Pedro Antonio ObandoCoadjutor Salesiano Don Bosco

    “Hoy preocupan los proyectos sociales, los empleos de las personas que están vinculadas a la nómina de miles de iglesias y más, la incertidumbre a futuro”.

Algunos hablan de entre 50.000 y 80.000 obras sociales sin recursos por esta crisis, ¿podrían ser más?
Yo creo que pueden ser más. Hay muchas obras que se hacen al estilo de lo que nos manda el señor Jesús en el Evangelio, que es que no sepa la mano derecha lo que hace la izquierda. Entonces, nosotros, en todo el país estamos en obras permanentes. Pero es difícil que estén cuantificados los comedores de las parroquias que son sostenidos con las donaciones de los mismo fieles, que son liderados por voluntarios que preparan los alimentos para ancianos, enfermos y necesitados. Quiero decirle que incluso durante la pandemia se han mantenido vivas esas acciones sociales.

¿Pero de esas cuáles le preocupa que se queden sin fondos?
Comedores, las mismas escuelas las tenemos suspendidas. Los padres de familia que pagan una cuota mínima para la educación de sus hijos, tampoco la pueden pagar, y de allí depende una nómina de docentes y los trabajadores de estas entidades educativas. Pero también tenemos los ancianatos, que son muchos, donde hay de a 120 ancianos y en estos momentos hay varias dificultades de sostenibilidad. Y la primera de ellas es que los protocolos de seguridad para personas vulnerables como los ancianos son costosos. Los ancianatos que están en manos de la Iglesia y son sostenidos por la Iglesia, o, a veces con ayuda del Estado, o, a veces con ninguna ayuda, están pasando unos momentos de grandísima dificultad.

Afortunadamente, el alimento no ha faltado, pero muchos de estos ancianatos se sostienen cuando hay la celebración eucarística y hay la posibilidad de recoger los mercados, tanto para comedores como para ancianatos, entonces también empiezan a ponerse en riesgo todas estas actividades caritativas al tener los templos cerrados, porque allí es donde se estimula la caridad.

¿Ya han calculado cuánto tiempo más puede soportar la Iglesia esa crisis?
Estamos a punto de reventar porque son tres meses de cero ingresos y 100% gastos, entonces algunas parroquias ya reventaron. Algunos obispos estamos tratando de generar solidaridad entre parroquias un poquito más pudientes para que ayuden a sostener la nómina y el mercado de un sacerdote de una vereda, de un corregimiento, o de un sacerdote de un lugar como Ciudad Bolívar donde no tienen cómo vivir.

También estamos echando mano a los poquitos recursos que teníamos ahorrados y los estamos compartiendo internamente, es como una pobreza vivida con dignidad y con fraternidad y solidaridad, pero se nos están agotando.

Empezó el cuarto mes de crisis, ¿a qué mes creen que pueden llegar con esta situación?
El quiebre total, cuando quedamos ya en quiebra sería en agosto. Estamos raspando lo último que hay. Desde el punto de vista financiero, laboral y económico. Están llegando los recibos de los servicios, los seguros de los carros en los que nos transportamos, todo.

Ustedes tienen el cálculo de más de 5.000 iglesias entre grandes templos y pequeñas parroquias, ¿cuántas personas podrían depender de ellas?
Es muy variable. Alrededor de cinco personas siendo austeros, pero muy austeros, porque una basílica como la Catedral Primada de Bogotá, o la de Chiquinquirá, o la del 20 de Julio, necesita una nómina de 50 hasta 100 personas trabajando, porque están los cantores, los aseadores, los de seguridad y eso va sumando.

¿Pero habría un promedio por parroquia?
Así promediando debería ser más o menos de 10 personas a las que se les paga el salario mínimo y un empleado vale $1,5 millones con todo. Así se puede dar una idea de lo que representa y lo que se está significando, y vamos a tener una deuda, y va a llegar el momento en el que tendríamos que decir que no podemos sostener la nómina y debemos cancelar muchos empleos. Ellos engrosarían las filas de los desempleados.

Hablando de las necesidades y los gastos que tienen las parroquias al mes, ¿cuánto podría ser ese valor?
Yo haría esta cuenta. Redondearía a $2 millones por trabajador y multiplicaría por 10 en promedio. Eso daría la nómina, pero sumemos servicios, seguros, entre otros gastos que hay. Eso da una cifra muy grande.

Ante ese panorama, ¿cuál es el mensaje para las autoridades? ¿Creen que sí pueden con los protocolos planteados?
Nosotros hemos sido coherentes con el mensaje en favor de la vida y debido a eso desde marzo hemos cerrado todos los templos en Colombia. Durante la pandemia hemos estado muy atentos a las indicaciones del Gobierno Nacional y de los gobiernos locales en todas las regiones, para no contravenir ninguna de las normas. Y hemos presentado con la Conferencia Episcopal los protocolos de reapertura, con todo lo que significa de bioseguridad.

¿Aun así implementar esos protocolos sería costoso?
Sabemos que es costoso para las parroquias, pero sabemos que es necesario. Y estamos dispuesto en el momento en que el Gobierno nos dé vía libre, y quiero aclararle que ya el Gobierno nos dio permiso para los municipios no-covid, de llegar a acuerdos con los alcaldes y reabrir.

¿Cuántas iglesias están en esas zonas sin covid-19?
De las 5.000, unas 500 abrirían. Pero en municipios como Bogotá, Barranquilla, Medellín o Popayán no vemos cerca la reapertura. Lo vemos muy lejos y eso nos va a seguir marcando a nosotros una cifra en rojo.

¿Qué incluyen los protocolos en una iglesia?
Ya no va a haber saludo de mano, ni abrazo, ni beso. Tampoco vamos a distribuir la comunión en la boca, y vamos a tomar todas las medidas, vamos a tomar el distanciamiento. Tenemos el cuidado con los micrófonos. Vamos a tener un solo lector, no tres como usualmente pasa. O uno solo cantando.