Analistas

Debilidades de largo plazo

Los resultados de PIB para el tercer trimestre, publicados hace unos días revelan un ajuste en la actividad económica más profundo al anticipado. La economía creció apenas 1,2%, por debajo de la mayoría de sus pares en Latinoamérica.  Sin embargo, esto no es lo preocupante. 

Es cierto que este resultado refleja, entre otras cosas, el efecto transitorio del paro camionero, que redujo el crecimiento de los sectores de comercio, agricultura y transporte. Sin embargo la realidad es que se revela una economía que aún no se repone del choque al precio del petróleo, y sin sectores identificados que puedan reemplazar al petróleo como motores de crecimiento. Así las cosas, el mediano plazo tiene un gran interrogante por resolver.

Hay dos factores particularmente preocupantes de los resultados de crecimiento. De una parte, el bajo crecimiento de los sectores transables, esto es aquellos que compiten con el exterior bien sea en importaciones o exportaciones. El sector exportador, en ausencia del petróleo parece insensible al aumento del tipo de cambio, con algunas excepciones como maquila de confecciones. La industria, excluyendo la Refinería de Cartagena, apenas crece. El próximo año, con el efecto Reficar disminuido, la industria puede exhibir de nuevo el bajo ritmo de los últimos 5 años. 

Le va mejor a sectores no-transables como la construcción, que se encuentra dentro de las prioridades de política pública, y que se ha beneficiado de crecientes recursos públicos. Si bien la inversión publica y privada en construcción es crucial para sacar al país del enorme rezago que enfrenta en términos de infraestructura, no parece ser un dinamizador sostenible de actividad económica hacia el futuro. 

De otro lado, el comercio se está contrayendo en línea con el debilitamiento de la demanda privada, y la mermada confianza del consumidor. La debilidad de la demanda debería ser una señal contundente para que el Banco de la República decidiera cortar sus tasas. Sin embargo, la inflación de no-transables, reflejo de la demanda local, se mantiene estable por fuera del rango meta. 

Esto indica que la presión de demanda viene a través del gasto público, donde el ajuste ha sido menor. Lo anterior se evidencia en el crecimiento del sector de servicios sociales, compuesto por programas de gasto del Gobierno. Este fue uno de los sectores con dinámica superior al promedio de la economía, 1,8%.

Un tema que debe llamar a la reflexión es el comportamiento de la inversión, que continúa contrayéndose. Uno de los principales culpables de esta caída es la menor inversión del sector petrolero. Mayores precios del petróleo el próximo año pueden revertir parcialmente esta tendencia. Sin embargo, la vulnerabilidad de la inversión productiva a los vaivenes del sector petrolero es alarmante. 

El crecimiento de la economía colombiana en el tercer trimestre fue regular. Sin embargo lo que preocupa es que hacia adelante, a menos de que el precio del petróleo suba, es difícil que la situación cambie sustancialmente. La actividad económica el próximo año dependerá en mayor medida del sector de la construcción; por lo que sigue dependiendo del gasto del gobierno. La sostenibilidad de este tren de gasto depende de la aprobación en el Congreso de una reforma tributaria, en un momento en que el sector privado está débil. Para que el crecimiento sea sostenible, debe ser liderado por el sector privado, por lo que los esfuerzos del Gobierno deben centrarse en generar condiciones que promuevan la inversión.