Analistas

Colombia visto desde afuera

Los colombianos nos hemos vuelto pesimistas. A juzgar por las últimas encuestas, cada vez son menos los que creen en el Gobierno, y el apoyo al proceso de paz va en descenso. El pesimismo es extensivo a la economía; la gente desdice del manejo económico y la confianza del consumidor se desplomó durante los dos primeros meses del año. Los hogares, por ejemplo, sienten que no es un buen momento para adquirir bienes durables.

Con el drástico descenso del precio del petróleo, la economía se ha visto sujeta a un choque económico sin precedentes, lo que justifica la cautela de la población. A pesar de la caída en la confianza del consumidor, las ventas al por menor siguen creciendo a una tasa razonable. Esto sugiere que la percepción es más pesimista de lo que indican los datos. 

El panorama para el empleo aun es bueno. Si bien la tasa de desempleo ha crecido ligeramente, se mantiene cerca de su mínimo histórico. Esto a pesar de que el número de personas que ingresan al mercado laboral sigue creciendo. En el último año se han creado más de 285.000 nuevos empleos. Del lado del crédito, la tasa de crecimiento de la cartera de consumo supera el ritmo de expansión de la actividad económica. 

El consumo se debe desacelerar, y de hecho esto es lo que busca el Banco de la República para devolver la inflación al rango meta, y de paso reducir el déficit en cuenta corriente. La economía, por consiguiente, va a crecer menos. Téngase en cuenta que la economía global va a crecer menos. El crecimiento de Colombia estará en línea con el del resto de América Latina y por encima del de los países desarrollados. 

La realidad del país es menos dramática, sobre todo vista desde afuera. Los inversionistas internacionales, así como las calificadoras de riesgo, están todavía pendientes de que se resuelva la incertidumbre en el frente fiscal. El Gobierno debe reponer los recursos que se perdieron por cuenta de la caída en el precio del petróleo, y obtener fuentes sostenibles para pagar las vigencias futuras que financian la infraestructura, y el costo de la paz, una vez se firme un acuerdo. 

La preocupación desde Wall Street, donde están los grandes compradores de deuda colombiana, se centra en que Colombia retome el sendero de reducción de la deuda pública. El Gobierno ya se comprometió a presentar la reforma tributaria en el segundo semestre del año, la cual aunada un ajuste en el gasto, permitirán estabilizar la deuda pública.

Hace seis meses los mercados no tenían claro que Colombia fuera distinto de Brasil, y el comportamiento de la tasa de cambio fue evidencia de esta desconfianza. Hoy es evidente que las dos economías son bastante disímiles, y que la economía colombiana ha sido manejada con mayor prudencia. La pregunta de los inversionistas internacionales hoy es por qué Colombia ha sido menos agresivo que México en las medidas tomadas y la magnitud del ajuste fiscal.

El país aun está en el proceso de adoptar las medidas que mitiguen el impacto de un choque fiscal de más de tres puntos del PIB, resultante de la caída en el precio del petróleo. Así mismo, la economía deberá crecer menos para corregir el desequilibrio en la cuenta corriente. Este proceso de ajuste tomará al menos dos años.  

No obstante, en la actualidad, los inversionistas extranjeros son menos críticos que los locales sobre la economía colombiana. El país luce relativamente bien dado el desempeño del resto del mundo. Eso si, hay dudas sobre el tema fiscal, y su impacto sobre la calificación de la deuda pública. Pero, dadas las circunstancias, el pesimismo de los colombianos parece excesivo.