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Analistas 27/05/2026

Contracorriente

Ugo Posada
Inversionista y mentor Endeavor

Desde pequeño he admirado al salmón. El delfín es astuto, el marlin veloz y el tiburón poderoso, pero el salmón es valiente, determinado a cumplir su misión a pesar de la imposibilidad. Nada en contra de las probabilidades. Sin garantía de supervivencia, escapa de las fauces de los osos y de las garras de las águilas, y esquiva los azares que el cauce del río impone en su adverso trazado. No duda, no se somete, no tranza. Cumple su propósito.

Los humanos somos animales con una tendencia al conformismo social. Queremos ser aceptados por nuestros pares para, en tiempos antiguos, sobrevivir frente a depredadores indudablemente más fuertes que nosotros; en tiempos actuales, para sentirnos parte de una masa cada vez más numerosa pero menos colectiva, más conectada pero menos humana. Cedemos, aceptamos, nos rendimos. Siento entonces especial aprecio por los humanos que, a pesar de la dificultad de lograr su cometido, todos los días juegan, tiran los dados, sacan las cartas y prueban su suerte. El emprendedor que todos los días abre las cortinas de su tienda, empieza en ceros, sonríe con la primera venta y sufre a fin de mes para pagar la nómina. El vigilante que cruza la ciudad en su bicicleta, con lluvia o sol, por horas, para proteger la propiedad de quienes lo contratan, sabiendo que un día una bala podría cegar su vida. La profesora que camina por horas para llegar a la escuela rural donde dicta clases, que busca educar sin recursos, sin pupitres, sin libros de texto y, en muchos casos, sin respeto, sin paga.

Siento también respeto por personas que viven alineadas a sus principios. El miembro de junta directiva que se aferra a proteger los intereses de los accionistas, cuando sería más fácil evadir su responsabilidad y conformarse con votar sí a lo que la mayoría busca. El gerente general que mejora los resultados de la compañía que dirige, dejando huella en las personas que toca y poca huella en los recursos naturales que usa. El político que, a pesar de los incentivos para mirar hacia otro lado, levanta la mirada y alza la voz, denuncia y se opone, nos cuida, a nosotros y a las generaciones futuras.

Colombia es un país que surge en contra de las circunstancias. Cada ciudadano que lucha contra el resultado más fácil, que se esmera por hacer las cosas bien a pesar de la dificultad, que busca prosperar y que nos da ejemplo, es digno de mi admiración.

El futuro de un país es la suma de las voluntades y las acciones de sus ciudadanos, y con más ciudadanos que no se rinden, que siguen creyendo y que todos los días nadan contracorriente, hay esperanza. Con personas así, con colombianos salmón, de los cuales conozco muchos, vale la pena seguir creyendo en Colombia.

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