MI SELECCIÓN DE NOTICIAS
Noticias personalizadas, de acuerdo a sus temas de interés
El 21 de julio este diario tituló: “La SIC solicitó información sobre… operación de Ferrari en Colombia”. Más allá de lo jurídico, la curiosidad por la noticia se instaló entre los lectores y consumidores, que se preguntaron por la demanda de esa marca en el país. ¿Hay tantos clientes como para que colectivamente reclamen una acción jurídica? En serio, ¿hay personas en Colombia que pongan a rodar capitales entre US$400 y US$1 millón? No hay duda, cada vez vemos más “juguetes” de esos en las calles. En Colombia hay consumidores que se desvelan por novedades, más allá del bicarbonato de sodio, que gustan del lujo y “tienen con qué”, gente tradicional de bien y nuevos de bien, asunto de otra conversación.
Existen los llamados bienes de Veblen, los que, a mayor precio, más demanda tienen. Un concepto planteado por el sociólogo estadounidense Thorstein Veblen (1857-1929), que sugiere que, más que la calidad, se persigue la reputación al lucir algo que los demás no puedan alcanzar por su precio. El lujo es privilegio, genera en el portador la sensación de exclusividad, sea que haga alarde o no del mismo. El lujo -lat. luxus, exceso, opulencia- se expone, a veces con sutileza, lujo silencioso, como el que no quiere mucho la cosa, pero al que no le molesta una que otra mirada y expresión de ¡wow!, ese que demuestra “tengo el privilegio de tener”. La emoción de conducir un automóvil de lujo no se queda en la mera experiencia del test drive, pretende el elogio, entre otras razones, porque el contexto nacional deja a medias la operación de los bólidos, que no encuentran vías rápidas para revolucionar el motor, ni seguridad para aguardar en un semáforo en modo descapotado sin que lo asalten.
Los atributos de velocidad y fuerza quedan en entredicho; no obstante, se mantiene la capacidad instalada. Por muchos años, la clase media colombiana definía la marca del carro por lo que se denominó agenciamiento, la garantía por servicio y repuestos de esa gran inversión.
Ahora, la clase media hace lo que sea para subir estrato a partir del corcel, un esfuerzo adicional vía crédito para superar al carro que puede y lograr el que merece. La cultura consumista tiene como ítem el comportamiento del consumidor, aspecto que en algunos segmentos colombianos tiene que ver con la superación y el estatus, aquello de sacar pecho y mostrarse como pavos reales. El carro sigue simbolizando el corcel, el caballo bien parado y atractivo.
Pues sí, la noticia también fue esa: en Colombia hay lista de espera para el lujo. Reflexionemos, si pudiéramos: ¿compraríamos lo ostentoso?, ¿consideraríamos el uso y la obsolescencia?, ¿la ostentación o la modestia? Más allá de estas cuestiones esenciales, muchos no dudarían en presumir, al menos una foto, al lado de estos logotipos dorados o plateados. Vaya paradoja: si el precio de un bien de Veblen baja, los consumidores dejan de comprarlo, al no percibirlo como inalcanzable. Lo lujoso como aspiración.
Es innegable que el país ha avanzado en una descentralización dotando a las entidades de mayor autonomía política y de recursos
Durante siglos intentamos predecir el futuro preguntándoles a expertos. Hoy millones de personas empiezan a responder esa misma pregunta poniendo dinero detrás de sus expectativas