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Analistas 09/03/2021

Ciudad Alumbrada

Simón Gaviria Muñoz
Exdirector de Planeación Nacional

El futuro de la ciudad ya no es el mismo, la pandemia forzó una digitalización acelerada de la cotidianidad. Las preferencias personales parecen modificadas de manera permanente. Aunque las pandemias resulten siendo eventos centenarios, ya con buen internet serán menos viajes de negocios y se facilita vivir en zona rural. La ciudad como un gran mercado laboral, proveedor de servicios, conexiones, y entretenimiento ha perdido brillo. Por lo menos, muchas de estas funciones se pueden encontrar en la arena virtual. El costo adicional de vivir en la ciudad, en muchas casos ya no se justifica. Para recuperar la competitividad, se requerirá de nuevas tecnologías, el alumbrado público puede ser clave.

Los dividendos del futuro, en un internet de las cosas, la ciudad es más sostenible, segura, económica, y divertida. Los beneficios de la ciudad inteligente requieren datos, pero más que eso, sensores para capturarlos y tomar decisiones. Por ejemplo, cuando los celulares sirven como transmisores de datos habilitan apps como Waze para encontrar rutas más eficientes. Pero descarbonizar el transporte requiere de espacios para cargar vehículos, hacer que los carros se conduzcan a sí mismos necesita llenar la ciudad de sensores. Espacio para implementar tantos sensores demorará el futuro, hay que ver lo difícil que es instalar una simple torre celular.

Las ciudades colombianas son increíblemente densas. Según un estudio realizado por NYU, nuestras ciudades son el doble de densas que el promedio mundial y 126% más que las de América Latina. No solo es Buenaventura tres veces más densa que Tokio, Medellín es siete veces más densa que París. Abrir espacio en nuestras ciudades es complejo, toca compartir la infraestructura disponible. Lo más fácil de todo es el alumbrado público.

Aun sin irnos al futuro, la tecnología 5G de celulares cuyo espectro se está licitando en la región, requiere de torres a 200 metros y no a 2km. Esta tecnología nos daría conectividad 100 veces más rápida que el actual 4G, permitiendo un universo de nuevas apps y tecnologías. Aun con retos de altura, el alumbrado puede ser la solución a este tipo de retos. El problema es que estos segundos usos no están previstos en la legislación, la verdad la legislación es tan pobre que no mucho está previsto.

Una evaluación del DNP sobre 703 municipios mostró un desorden generalizado. Mientras una luminaria en un municipio costó $5.559 en otro el fue de $1.511.067. No hay estándares comunes de luminosidad, ni de ahorro requerido de energía, ni de contaminación visual. Solo 19,4% de los municipios tiene medición precisa para verificar el suministro de energía. La diferencia en tarifa de alumbrado depende del municipio. Solo 15% de los municipios le hace interventoría al servicio. Nadie sabe verdaderamente lo que está pasando, sin duda no se está pensando en el futuro.

Puede haber medidas razonables como que la Súper de Servicios Públicos vigile el alumbrado o se actualice su regulación. Una ley de compartición de infraestructura podría abordar el despliegue tecnológico del futuro. Dejado a la deriva, es natural que los municipios les den prioridad a sus retos fiscales sobre los temas de largo plazo. Aunque parezca futurista, las ciudades inteligentes están más cerca de lo que piensan.

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