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Entre julio de 2018 y el mismo mes de 2022, las exportaciones colombianas ascendieron a 60 millones de toneladas promedio semestral en “chucherías” como las llama con desprecio Petro.
Sin embargo, en sus seis semestres de Gobierno escasamente pasan en promedio de 50 toneladas, esto es, 20% menos que en el pasado, lo cual califica su gestión como mediocre en el manejo de “chucherías”, lo que sencillamente muestra que la actividad exportadora del país ha estado de capa caída en los últimos años. Es más, en los siete primeros meses de 2025 se registró el más bajo volumen exportado de los últimos ocho años, la mitad de lo vendido en 2018.
Que a Colombia ha entrado más dólares en estos tres años que en el pasado es cierto, pero no producto de una mayor dinámica productiva, sino de una mejora en los precios internacionales de café, banano y aceite de palma, lo cual se destaca, pero no se puede atribuir a una política de promoción de exportaciones de las “chucherías” y de desarrollo productivo.
Además, esos tres productos se han fortalecido durante décadas con el trabajo de los empresarios. La otra parte de los dólares son minería ilegal y narco, esas sí con una dosis de complacencia.
Evidentemente, Colombia no es un país exportador si se compara incluso con nuestros pares latinoamericanos: no alcanzamos a 20% de las exportaciones de Brasil (US$337.000 millones en 2024) que en solo soya, azúcar y café superan al total colombiano, así la Ministra de Agricultura diga que los datos ratifican “por qué somos una potencia agroalimentaria”.
Estamos muy lejos de Argentina y México y nos superan Perú y Chile. Por eso no hay que darse ínfulas, más allá de nuestra pequeña realidad que no hemos sido capaces de solucionar y mucho menos en este desgobierno.
Pero la frase de Petro de que “los empresarios están más interesados en exportar chucherías a EE.UU., que en preservar la vida...” no solo es desobligante y de mala leche, sino una humillación a los colombianos, cuando a EU vendimos 31% del total de lo que exportamos, US$8.800 millones, seguido por Brasil y Ecuador con 3,7% cada uno, y México y China, con 3,1%. A esos cuatro países no les vendemos ni la mitad de lo que va para los gringos.
Y le vendemos lo que tenemos y somos: combustibles que Petro odia (gracias al crudo tenemos con qué pagar las importaciones), el orgullo nacional que es el café (38%), piedras y perlas preciosas, (algunas dudosas) alimentos y bebidas por más de US$500 millones y algo de confecciones que, sin duda, podrían ser más.
México recibe 45 millones de turistas extranjeros y aquí el mismo gobierno de Petro se pavonea diciendo que el turismo ya superó al carbón, lo cual es mentira, pero se abona su iluso deseo, pues a Colombia solo llegan 4,5 millones de turistas extranjeros, la décima parte de lo que reciben los aztecas y para “amargura” de Petro, de EU llega la cuarta parte de los esos visitantes, más de 1,2 millones, el doble de los que vienen sumados los de México y Ecuador.
Y ni hablar de las remesas: 53% de los giros que envían los colombianos proviene de Estados Unidos. Esto es, que si en 2025 entran US$13.000 millones, de EU provienen US$6.900 millones, que en pesos son unos $25 billones, lo mismo que aspiraba Petro en recaudar con su reforma tributaria. Y los gringos son, de lejos, el primer inversor.
Al menos las “chucherías” las podemos mostrar mirando a la cara con orgullo, no así la narrativa de la “potencia mundial de la vida” que tristemente se ha quedado en bla, bla, bla.
Pero las economías que lideran no se limitan a preservar sus aciertos; los actualizan antes de que se vuelvan obsoletos
Jamás me imaginé que iba a poder escribir una columna como esta. Una donde le voy a agradecer públicamente a un sindicato de izquierda casi radical