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Analistas 26/01/2024

Pilar sostenible

Sergio Mutis Caballero
Presidente Grupo Valor

Las remesas, flujo constante de solidaridad económica entre compatriotas, han trascendido como fuente inquebrantable de respaldo, y pueden constituir fuente de progreso invertidas en el sector de la construcción.

En América Latina, esta tendencia ascendente ha persistido durante 15 años, destacando su rol en el fortalecimiento financiero. Corresponde a recursos de compatriotas que remiten de forma constante a sus familiares. México es el país que recibe mayores recursos llegando a 2% del PIB y Nicaragua, el de mayor impacto en su economía representando 29% de su PIB. Según datos del BID, la tasa de crecimiento de las remesas que recibieron los países suramericanos el primer semestre de 2023 fue 13,3% mayor a la tasa de crecimiento estimada del PIB per cápita en esta subregión. Ilustran su impacto vital.

Colombia, partícipe activo, ha experimentado también un auge remitente. En 2023, las remesas superaron los US$10.000 millones, canalizándose primordialmente hacia el soporte familiar, con cifras significativas al gasto en vivienda. Este último se alza como catalizador de progreso económico y social, donde su utilización para adquisición, no solo depara en bienestar, sino en la construcción de patrimonio.

El epicentro emisor de estas corrientes monetarias hacia Colombia es Estados Unidos (50%) seguido de España (15%), y curiosamente, naciones suramericanas como Chile contribuyen con 7%. Este tejido de generosidad financiera ha cobrado dimensión, siendo posible que las remesas representen 3% del PIB de nuestro país, para el año que inicia.

En este horizonte, la inserción de remesas, combinado con tasas de interés más bajas, promete un escenario propicio para rescatar la caída de la construcción. Recursos, que complementados con créditos hipotecarios, pueden desencadenar un flujo financiero determinante para aquellos que aspiran a la adquisición de vivienda, especialmente sobre planos.

Estudios recientes demuestran que el gasto de los hogares de estratos menos favorecidos y estratos medios representan entre 30% y 40% del total de sus ingresos, de ahí la importancia que se pueda direccionar a que sean propietarios de su propia vivienda. La vivienda es la mejor pensión para estos hogares y es instrumento de formación de patrimonio. Según estudios del Banco de la República, la vivienda usada en Colombia, con excepción de finales de los 90, en promedio siempre se ha valorizado.

En concordancia con lo anterior, lo ideal es que buena parte de los recursos derivados de las remesas en relación a la vivienda, no se vayan sólo a pagar arriendo, sino que sirvan de ahorro para el pago de una cuota inicial y luego, una vez construida y entregada dicha vivienda, que se adquiere en planos generalmente como vivienda nueva, le sirva a dicho hogar para amortizar el crédito individual de largo plazo.

Un ciclo virtuoso que no solo consolida hogares, sino que propulsa gran motor de desarrollo: la construcción.

En conclusión, las remesas trascienden el simple envío de recursos; son cimientos para la construcción de sueños y pilares para erigir un desarrollo económico sostenible. En el año que comienza, este flujo solidario promete ser un aliado fundamental en la forja de un futuro habitable para muchos hogares en nuestra patria.

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