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La seguridad de nuestras principales ciudades

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El  Presidente Santos en su discurso del pasado 20 de julio, expresó que hay colombianos que aún no se sienten tranquilos en su vida diaria, tenderos que pagan vacunas a mafiosos de barrio o a extorsionistas desde las cárceles, estudiantes que temen sacar su celular en un bus y, personas que no se atreven a tomar un taxi por miedo a ser víctimas de un paseo millonario. 
 
Este reconocimiento presidencial, si bien se expresó en un contexto tendiente a manifestar su preocupación y además mostrar mejoría en esta materia, la realidad es que la seguridad ciudadana ha tenido en los últimos tiempos un deterioro. Se perdió la senda de avance positivo que llevábamos en la última década. 
 
Las historias y experiencias reales de inseguridad, de gente allegada a gran número de ciudadanos que viven en Bogotá, son cada día más frecuentes. Taxis como instrumento para el delito, robo de celulares y atracos callejeros, son el pan de cada día en la capital. Por robar,  los delincuentes pueden llegar a matar; ¿esto acaso no genera terror?
 
 Según la Encuesta de Percepción de Seguridad y Victimización, realizada por la Cámara de Comercio de Bogotá, sólo 21% de las víctimas directas denunció el delito, siendo el indicador más bajo en los 15 años de la Encuesta; en relación a los pocos que lo hicieron, el 62% no quedó satisfecho con la denuncia porque las entidades no hicieron lo suficiente, porque no mostraron interés o lo que es peor, encontraron corrupción en algunos agentes.
 
Para incentivar las denuncias, probablemente es necesario que las instituciones responsables expliquen con toda claridad al denunciante la promesa de servicio y la forma de la gestión inmediata. Pero, de fondo, es necesario actuar con firmeza, ejerciendo la autoridad. Paralelamente es fundamental generar una cultura ciudadana para la seguridad. 
 
En una columna reciente, analizábamos los grandes logros de Medellín, como la ciudad más innovadora del mundo además de los destacados avances en desarrollo urbano y  económico, pero nos preguntábamos: ¿De qué sirven los parques y tan importante avance social, si los ciudadanos tienen miedo y peligro para su uso?.  Así las cosas, no se puede bajar la guardia a la seguridad de Medellín. 
 
Este análisis de las dos principales ciudades de Colombia, donde ha habido avances, pero en algunos aspectos deterioro en materia de seguridad, se repite en la mayoria de las grandes urbes del país. A más desempleo mayor inseguridad y por sobre todo mayor percepción de inseguridad. Hoy, por ejemplo más del 70% de los habitantes y visitantes de Cartagena la perciben como insegura, según el programa “Cartagena Cómo Vamos”.
 
 ¿Y la Policía qué?  Los programas de “Cuadrantes” y de las cámaras de televisión en las calles, ayudan enormemente. Bogotá y Medellín cuentan  con 360 policías por cada 100 mil habitantes, mientras que Cali con solo 279 policiales por cada 100 mil habitantes. Como un buen número de los agentes cuidan personajes, los ciudadanos de a pie son los más necesitados de este apoyo. 
 
Se hace necesario mejorar la gobernabilidad de las administraciones municipales, aumentar el pie de fuerza, junto con mayor compromiso y coordinación institucional, lo mismo que aumentar las denuncias de delitos y las penas a los delincuentes. 
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