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Regulación y precios de medicamentos

En las últimas décadas, ha ganado relevancia el debate entre el derecho que se otorga a través de las patentes en medicamentos y la urgencia de reducir sus costos, especialmente cuando dichos medicamentos tienen la posibilidad de salvar vidas y/o mejorar de manera sustantiva la calidad de vida de los enfermos. Este debate ha resultado particularmente álgido en los países subdesarrollados, donde los gobiernos han llegado a adoptar medidas como: i) la legalización forzosa de genéricos de medicamentos patentados, como ocurrió en Sudáfrica y Brasil durante el auge del VIH en 1998-2000; y ii) la negación de patentes a medicamentos con mejoras sustantivas, tal como ocurrió en India con el fármaco Glivec (aduciéndose sobrecostos) en 2013. En Colombia también se ha tenido un profundo debate por Glivec.

Paradójicamente, estas discusiones se han intensificado incluso en países líderes en producción farmacéutica, como en EE.UU. Esto debido al escalamiento de precios en medicamentos críticos. Por ejemplo, recientemente Trump denunció varios casos, haciendo eco de su promesa de campaña, y amenazo con entrar a regular sus precios. Sin embargo, hasta la fecha ello no se ha concretado, en buena medida por el poderoso lobby de las grandes farmacéuticas. Veamos esto con mayor detalle.

Estados Unidos: Allí se tienen elevados precios en medicamentos vitales. Por ejemplo, se estima que el gasto mensual promedio en medicamentos patentados asciende a cerca de US$8.700/per cápita/año, mientras que en India se ubica en US$1.515 y en Sudáfrica en US$1.708. Esos elevados precios responden, de una parte, a la necesidad de recuperar la inversión realizada por las farmacéuticas, pero también se ven afectados por las políticas de mercadeo de los mismos, de otra parte. En efecto, el programa Medicaid para los más pobres se ve beneficiado por un marco regulatorio que impone descuentos obligatorios (hasta de 15%) a través de compras Estatales en bloque. En cambio, el programa Medicare de apoyo a los ancianos (explicando cerca de 30% del gasto en medicamentos) no cuenta con esta obligación de compras en bloque y, como si fuera poco, es proclive a encarecimientos por parte de los incentivos que les dan las farmacéuticas a los médicos para que las receten, con un claro afán de lucro. Allí se ha generalizado la acusación de “ladrones de cuello y bata blanca”.

Por su parte, las aseguradoras privadas (explicando cerca de 35% del gasto en medicamentos), aunque negocian en bloque con las farmacéuticas, ven limitado su impacto de abaratamiento al tener que cumplir con políticas de oferta de medicamentos cubriendo diferentes categorías. Ello explica una buena porción del elevado gasto en salud que se tiene en EE.UU., bordeando 17% del PIB (vs. 9% del PIB que se observa en promedio en la Ocde).
Europa: Contrario a lo observado en EE.UU., los precios de los medicamentos en Europa son significativamente más económicos. La razón fundamental tiene que ver con el poder Estatal para negociar “en bloque” dichos precios. Han sido particularmente exitosos los casos de: i) Gran Bretaña, donde el gobierno preserva un umbral de rentabilidad mínima y se asegura que los médicos estén bien remunerados; y ii) Alemania, donde los tratamientos anti-cáncer suelen costar entre 20%-40% menos que en Estados Unidos.

Colombia: El país no ha sido ajeno a todo este debate internacional. Recordemos que la Ley Estatutaria estableció que le corresponde al gobierno regular el precio de los medicamentos y, además, a lo largo de toda la cadena, no solo en el segmento mayorista, como lo venía haciendo desde 2013.

Ello es particularmente importante si se tiene en cuenta que: i) los recobros por medicamentos al Fosyga venían representando cerca de 70% del total, a pesar de los Valores Máximos establecidos por el Decreto 4474 de 2010; y ii) el rubro de medicamentos tiene una participación de 56% al interior de la inflación de la salud y se consolida como uno de los de mayor encarecimiento (ver gráfico adjunto).