Más columnas de este autor Sergio Clavijo - sclavijo@uniandes.edu.co

Se dice que Schubert (1797-1828) tuvo la mala fortuna de haber sido contemporáneo de Beethoven, pues de haberlo sucedido habría tenido aún más fama, dadas sus grandes cualidades musicales como compositor del romanticismo. En efecto, si bien el talento de Franz Schubert era mayúsculo, este vivía algo acomplejado frente a la grandeza musical de Beethoven, preocupado constantemnete sobre lo que podría estar pensando Ludwig de sus composiciones. Desconocemos cuántas de sus creaciones fueron destruidas por Franz ante el temor a Ludwig (ver John Suchet, 2012, Beethoven: The Man Revealed).

Pero igual se puede concluir de la trayectoria de Schumann (1810-1856), obnubilado no solo por la imagen de Beethoven, sino también por la del propio Schubert, y hasta la del mismo Mendelssohn (1809-1847). La verdad es que todos los artistas y científicos tienen que manejar el tema de las “herencias cognoscitivas” e innovar sobre ellas. Se dice también que Borodin (1833-1887) enfrentó la arrolladora personalidad de Rimsky Korsakov (1844-1908), quien se deleitaba reescribiendo las obras de sus colegas (lo cual ha sido criticado por imprimirle más su sello Cosaco-militar que el melancólico de Borodin).

Todas estas anécdotas de opacamiento profesional, por tener “la mala fortuna” de competir con tal o cual figura de su época, amerita entonces intentar un ranking de compositores de música clásica que podríamos denominar “los segundos mejores”. Una forma fácil de obtener dicho ranking es a través de los resultados de la WEB, como, por ejemplo, en https://www.ranker.com/crowdranked-list/my-favorite-classical-composers-of-all-time. Aquí postularemos que los top-10 de ese ranking corresponden a los “primeros-mejores”, mientras que aquellos en las posiciones 11-20 son los “segundos-mejores”. Como veremos, aquí figuran “los mismos de siempre”, pero con algunas interesantes variantes en sus posiciones dentro del ranking.

Recordemos que el conocido crítico musical Tommasini (The New York Times) se había embarcado en la demandante tarea de elegir y compartir con un público amplio sus preferencias sobre los mejores compositores de música clásica de todos los tiempos. Para evitar posibles linchamientos, decidió primero consultar a un grupo extenso de expertos-amigos, condicionándolos a seleccionar únicamente a 10 compositores, sin restricción alguna de género-musical, nacionalidad o época. La mayoría de los consultados argumentaron, con vehemencia, su orden de preferencias y los profundos debatesinternos, para expiar sus culpas, sobre por qué se habían quedado por fuera de sus listas FulanoZutano. Los resultados así obtenidos destacaban en los primeros lugares, al igual que en el listado adjunto, a Bach, Beethoven y Mozart (aunque en la mayoría de los listados la preeminencia suele dársele a Beethoven).

Las posibilidades de “errar en este intento” son muy bajas, pues, como ya lo hemos comprobado en el campo de las ciencias, y de la propia economía, existe una alta probabilidad de convergencia sobre “quiénes son los más grandes de todos los tiempos”, ver Comentario Económico del Día 19 de septiembre de 2012. ¿Será que el ranking de la WEB diferirá mucho del experto Tommasini?

El cuadro adjunto revela las preferencias de la WEB: Beethoven, Bach, y Mozart; aunque Tommasini se inclinó por darle el primer puesto a Bach. Nótese cómo la hegemonía alemana-austríaca tan solo se vio perturbada por la aparición del sabor francés (Debussy) y la innovación rusa (Tchaikovsky). Sin embargo, llama la atención la aparición de Handel entre los 10 primeros, así como la ausencia de Stravinsky aún entre los 20 mejores. También hemos incluido en dicho cuadro nuestras preferencias; lo invitamos a que Ud. realice su propio ejercicio. Nuestro ranking coincide con la inclusión de al menos un representante de la escuela romántica rusa (Tchaikovsky) entre los 5  primeros, pero extrañamos que el ranking de la WEB excluya de los top-10 a exponentes de la prolífica escuela española (donde nosotros incluimos a Falla, así fuera solo por sus obras para piano).

En la segunda parte del cuadro aparece el listado de los “segundos-mejores” según la WEB, con nombres tan destacados como Rachmaninof, Dvorak, Schostakovick y Liszt (siendo este último probablemente el mejor concertista de piano de todos los tiempos), ver Comentario Económico del Día 26 de enero de 2017. Nos sorprendió la relativa alta figuración de Haydn. En nuestro caso, hemos preferido darle cabida a la diversidad, incluyendo a Joaquín Rodrigo (Fantasía para un gentilhombre), Smetana (Ma Vlast Moldau) y Borodin (En las estepas del Asia Central).

Nos deleitó la coincidencia de ver figurar allí a Mendelssohn (sublime en “Poemas sin palabras” y grandioso en “Sueños…”). Tommasini reservó las posiciones 7 a 10 para tres grandes de la ópera: Verdi, Wagner y Puccini. En este frente, la primacía fue de los italianos, quienes paradójicamente fueron acusados de ceder ante las influencias (nuevamente) alemanas de la ópera Wagneriana. Tommasini se lamentaba de no haber podido incluir entre los top-10 a pioneros como Monteverdi, o a los muy maduros como Mahler. Claramente, el género operático requeriría todo un ejercicio aparte.