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Analistas 28/04/2019

La ilusión del pib-real per cápita elevado

Sergio Clavijo
Prof. de la Universidad de los Andes

Durante el período 1950-1990, Colombia lideró en la región los esfuerzos por mantener un fondo de estabilización cafetero. Su propósito era intentar “suavizar” el consumo de los hogares en tiempos en que el precio del café se desplomaba por los excesos de oferta. Ello se instrumentó a través del Fondo del Café, que operaba como una cuenta pública y se manejaba conjuntamente entre el Gobierno y la Federacafé. Tal vez el momento más exitoso se tuvo en los años ochenta, cuando el patrimonio de dicha cuenta se logró elevar a unos US$500 millones. Sin embargo, dichos recursos se quedaron cortos a la hora de intentar “suavizar” el consumo de los hogares cafeteros durante el difícil período de 1993-1997, tras el rompimiento definitivo del pacto de cuotas a nivel internacional.

En contraste, los ahorros de las bonanzas minero-energéticas del período 1994-2014 no resultaron exitosos, viéndose el país abocado a marcados períodos de la conocida Enfermedad Holandesa. Esta “enfermedad” (que difícilmente podría catalogarse como un mero resfriado) tuvo tres graves consecuencias para la economía colombiana: i) se generó una marcada apreciación cambiaria, durante 2005-2014, y con ello mayor dependencia de las exportaciones de commodities; ii) se gestó una prolongada “burbuja hipotecaria”, afortunadamente no apalancada a nivel bancario, pero llevando a terreno negativo la construcción durante 2017-2018; y iii) se creó la falsa ilusión de que Colombia se perfilaba a ser un país de ingreso per cápita alto, cercano a US$11.000, cuando la realidad es que nos hemos estancado en la mitad de ese valor tras “el sinceramiento cambiario” que produjo el fin del súper ciclo de commodities durante 2015-2018. En realidad, el PIB-real per cápita en dólares ha crecido a una pobre tasa de 0,9% (anual compuesta) entre 2005 y 2018, lo que, extrapolando, implicaría que al país le tomaría unos 69 años para duplicar ese PIB-real per cápita.

Contrario a lo sucedido en los años ochenta, Colombia no estará incurriendo en “frenazos súbitos cambiarios” durante 2019-2022. Sin embargo, es evidente que estamos enfrentando un deterioro secular en la modernización de nuestro aparato productivo y, con ello, un estancamiento del crecimiento potencial en niveles de 3% anual.

La Enfermedad Holandesa implicó una apreciación cambiaria cercana al 25% respecto de la llamada Paridad de Poder Adquisitivo durante 2005-2014. Anif considera que, durante 2015-2019, la reversión en los términos de intercambio y las dificultades de financiamiento externo han llevado a corregir el grueso de esa disparidad.

Así, duele constatar que está desvaneciéndose la ilusión que inclusive pintaran en su momento las entidades multilaterales.

Parte de la ilusión tuvo que ver con la medición del PIB- real per cápita. Se dijo que Colombia ya había superado a Argentina en dicha métrica, pero esa afirmación escondía el doble efecto de “caída libre”, y la “ilusión cambiaria pasajera” de Colombia.

Apreciación cambiaria y Enfermedad Holandesa (2006-2012)

El gráfico muestra cómo el PIB-real per cápita medido en dólares creció 7,8% promedio anual durante 2006-2012, mientras que el PIB-real per cápita medido en pesos (constantes de 2018) apenas se expandió a tasas de 3,6% promedio anual. La diferencia entre ambas mediciones (4,2pp por año) obedece a la apreciación cambiaria peso-dólar experimentada durante ese período, producto de la Enfermedad Holandesa.

Dicha apreciación cambiaria fue particularmente marcada en: i) el período 2007-2008, durante el auge internacional que precedió la crisis de Lehman Brothers; y ii) el período 2010-2012, como resultado de las inyecciones de liquidez globales y los abultados influjos de IED minero-energética.

Destorcida minero-energética y devaluación cambiaria (2014-2020)

Una de las consecuencias macrofinancieras del fin del auge minero-energético fue la devaluación cambiaria de 15% promedio por año durante 2013-2016. En este período, el PIB-real per cápita (medido en dólares) sufrió contracciones promedio del -9,7% anual, mientras que el PIB-real per cápita (medido en pe- sos) experimentó leves expansiones de +2.4%. Con ello, se reversó la brecha generada previamente por el boom en las mediciones del PIB- real per cápita en dólares vs. pesos (2005=100), cayendo un -24% en 2016 (vs. +24% en 2012).

Anif proyecta un PIB-real per cápita en dólares que estaría reduciéndose a ritmos de -2,6% durante 2019-2020 (vs. +1,6% promedio en 2005-2018), dadas las tensiones externas asociadas al financiamiento de una cuenta corriente que estaría bordeando 4%. Esto sería consistente con devaluaciones promedio de 8%-10% en 2019 y de 2%-5% en 2020.