Analistas

Inflación de agosto y desaceleración del PIB-real

El Dane reportó que agosto registró una alentadora deflación de -0,32%. Este dato fue bastante inferior al previsto por los analistas (0,28%) y representó una considerable corrección bajista frente al dato de un año atrás (0,48%).  Gracias a ello, la lectura de inflación total logró reducirse de 8,97% a 8,1% anual al corte de agosto, aunque todavía duplica el límite superior del rango meta (2%-4%) de largo plazo del Banco de la República (BR).

La otra buena noticia en materia de corrección bajista tuvo que ver con el descenso en la inflación subyacente (sin alimentos), reduciéndose de 6,26% a 6,1% anual. Allí incidió la menor presión de costos de los importados (pass-through) por cuenta de una apreciación peso-dólar de 2% anual durante agosto (vs. depreciaciones de 8% en julio).  Así, la inflación IPP de bienes importados fue solo de 0,5% anual en agosto (vs. 5,8% en julio) y la de transables del IPC se redujo a 7,5% (vs. 7,9%).  

A pesar de estos beneficios temporales de reversión cambiaria sobre la inflación, es evidente que su flotación debería pronto llevarla nuevamente hacia niveles de $3,000-$3,100, dado el abultado faltante externo de Colombia (bordeando  US$15.000 millones anuales) y la postración en volúmenes locales (cayendo 10%) y de precios internacionales (que aún no logran sostener  US$50/barril Brent).  De hecho, de no darse esta nueva alineación de la tasa de cambio real (habiendo perdido casi 15 pps de 45 que había logrado), se estaría agravando la “crisis exportadora” que hemos venido señalando.

En el plano internacional, se ha acentuado la dicotomía entre el pobre desempeño del sector real y las sorpresivas valorizaciones de la renta variable y fija.   Colombia no ha sido ajena a esos vientos de desaceleración global, pues su PIB-real creció solo 2% anual durante el segundo trimestre de 2016 (vs. 3,1% un año atrás), por debajo de las expectativas del mercado.  De hecho, dicha cifra estuvo fuera del rango pronosticado por Anif (2,2%-2,7%) tres meses atrás.  Ante el complicado panorama local y global, Anif optó por reducir su pronóstico de crecimiento de 2,5% hacia 2,2% para 2016 (como un todo). Aun con ello, el desempeño de Colombia sería aceptable frente a -0,6% esperado para América Latina (vs. -0,4% en 2015). 

Este “pulso” entre la inflación de costos y la expectativa de una “brecha de producto negativa” (por desaceleración) ahora ha empezado a rebalancearse de mejor manera, inclusive con algo de antelación al pronóstico que veníamos manejando.  Gracias a esto, las condiciones lucen apropiadas para realizar pausas en la repo-central (en línea con lo actuado por el BR en su junta reciente), esperando que esa combinación de baja de costos/menor demanda agregada logre llevar la inflación total hacia un máximo de 6,5% al cierre de 2016 y, ojalá, por debajo de 4% para finales de 2017.

La evolución final dependerá del control de las expectativas de costos (salariales y cambiarias).  En lo laboral, Anif ha expresado su preocupación por el riesgo de repetir la inercia salarios-inflación en 2017, tal como ha ocurrido este año, con un SML repitiendo cifras de 7% frente a una productividad laboral seguramente negativa. Y, en el frente cambiario, “la supuesta bendición” de menores devaluaciones ayudaría a tal propósito de reanclaje de expectativas, pero ya hemos mencionado cómo ello agravaría la brecha externa, que tanto preocupa a las calificadoras de riesgo.

Ahora resta por “pilotear” ese balance entre inflación de costos y menor demanda (de cara al desanclaje de las expectativas de inflación 2016-2017).  Aquí “la dependencia fiscal” debe ser factorizada como un elemento de riesgo inflacionario en las cuentas del BR.  No debemos olvidar que si bien las cifras de agosto nos dieron un respiro inflacionario, no es el momento para bajar la guardia frente a la grave inercial salarial pública y privada, que en el caso de Brasil se convirtió en un dolor de cabeza que ya dura cuatro años.