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Analistas 30/08/2021

Crecimiento económico: Asia vs. América Latina

Sergio Clavijo
Prof. de la Universidad de los Andes

Con frecuencia los propios mandatarios desconocen los factores fundamentales detrás de los ciclos económicos de sus naciones. Esto los lleva a plantear agendas mesiánicas como “vamos a hacer nuestra nación nuevamente grande, etc.”.

Pero resulta que dichos ciclos de desarrollo económico suelen estar determinados por lo que se conoce como el “costo laboral unitario” ( = trayectoria del salario real menos trayectoria de la productividad laboral). Cuando los países están en vías de desarrollo sus salarios reales son bajos y también su productividad laboral. Su problema radica en tener que recargarse en mano de obra poco productiva.

Pero, en el ciclo inicial del desarrollo, ese costo laboral unitario empieza a descender por productividad y ello les permite volverse competitivos a nivel global. Un buen ejemplo han sido los procesos industriales automotrices. En los años cincuenta, pocos querían comprar autos japoneses de mala calidad, pero dos décadas más tarde mostraban la mejor relación precio/calidad y conquistaron el mercado mundial y crearon conglomerados cubriendo los electrodomésticos.

Después vendría el ciclo de Corea del Sur, mala calidad en los años ochenta, pero conquistaron mercados internacionales dos décadas después y también incluyendo conglomerados de electrodomésticos. Actualmente el ciclo es a favor de China y apoyándose desde ya en conglomerados digitales. Estos “ciclos-producto” superan los de Vernon, pues van más allá de las simples maquilas.

Actualmente, el costo laboral unitario de Japón se ha elevado, al incrementarse sus salarios reales a niveles compatibles con su ingreso per-cápita de US$40.000/año, uno de los más altos del mundo. Y su productividad ha dejado de crecer a las tasas de 3% anual que tuvieron décadas atrás.

En cambio, la productividad laboral de China ha venido creciendo a tasas superiores a ese 3% anual y sus salarios relativos todavía son competitivos respecto de aquellos de Japón o Estados Unidos. Dichos salarios son compatibles con un ingreso per-cápita medio-alto de US$10.000/año. Y en paralelo tenemos varios países emergentes de Asia que también han crecido al calor de sus ciclos de desarrollo histórico.

El cuadro adjunto compara los resultados de dichos ciclos de desarrollo entre Asia y América Latina durante los 55 años comprendidos entre 1965-2019. Iniciemos por el caso de Japón, donde se observa un crecimiento promedio de 2.5% anual en su PIB-real per-cápita, lo cual implica que a ese ritmo ha podido duplicar su ingreso-real cada 30 años (digamos cada dos generaciones de 15 años).

Esta cifra del Japón no resulta nada impresionante debido a su marcada desaceleración con posterioridad a los años ochenta y, también, debido al marcado incremento en sus costos laborales-unitarios. Pero si tomamos su periodo de gloria (1965-1996) vemos que su PIB-real per-cápita se duplicaba casi cada generación al estar creciendo entonces a ritmos del 3,7% anual. Era en esa época donde sus “líneas de trabajo” fabriles les permitían copiar diseños de automóviles, innovar sobre ellos y mejorar su calidad hasta llegar a la cúspide hacia los años 90. En cambio, en su periodo maduro actual (1997-2019) su PIB-real per-cápita ha crecido solo a 1% anual. Sus problemas de deflación han requerido estímulos monetarios-fiscales que no terminan de sacarlos adelante, mientras su relación Deuda Pública/PIB ha escalado a 230%. Estos niveles de deuda solo han resultado “sostenibles” por tratarse de tenedores de bonos fundamentalmente locales.

En segundo lugar tenemos el bloque de los cuatro tigres (Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Hong-Kong) con el impresionante récord de crecimiento de 5% anual en su PIB-real per-cápita a lo largo de ese medio siglo, lo cual implica una duplicación de su ingreso en cada generación. Más aún, su desaceleración es tan solo moderada, al pasar de 6,7% a 3% anual entre los dos sub-periodos ya comentados.

El tercer bloque de Asia viene dado por los “nuevos tigres” (Indonesia, Tailandia y Malasia) con crecimiento promedio de 4% anual en su PIB-real per-cápita, también duplicándolo cada generación (y esto a pesar de su desaceleración de 5% hacia 2,5% entre los subperiodos).

Los mejores desempeños recientes (1979 en adelante) corresponden a China, acelerándose de 6% anual (1979-1996) a 8% (1997-2019), y con un impresionante promedio de 7% anual. Esta última cifra ha implicado duplicar su ingreso-real per-cápita cada década. Vietnam ha hecho algo similar al sostener tasas de 5% real per-cápita desde 1979, con duplicación cada 14 años.

Y ¿América Latina? Nunca aprovechó su condición de emergente y está por repetir su tercera década perdida (1980, 2010 y la actual). Su crecimiento de PIB-real per-cápita ha permanecido cerca del 2% anual, lo cual implica tener que esperar 35 años (más de dos generaciones) para ver la duplicación del ingreso real.

En Colombia, ese crecimiento del PIB-real per-cápita se ha desacelerado de 2,4% a 2% entre subperiodos. Todavía son esquivos los beneficios de una transición demográfica que redujo la expansión poblacional de 2,5% hacia una cuasi-nula en la actualidad. Se requiere pasar del sobre-diagnóstico, tipo “Misión de Modernización”, a acciones que solucionen los múltiples problemas prácticos-criollos, pero todo esto ya quedó para 2022-2026.