Analistas 23/06/2020

Ajustes laborales: ¿salarios o puestos?

El escalamiento del desempleo a nivel global luce aterrador. En los Estados Unidos estaría pasando del mejor récord histórico en 50 años, al promediar tan solo 4% durante 2018-2019, a su segundo peor récord histórico en casi 100 años, llegando a 18% al finalizar este 2020. Se trataría de un deterioro relámpago de +14 pps de mayor desempleo en menos de un año. Recordemos que durante la Gran Depresión (1929) el desempleo en Estados Unidos escaló de 5% a 24% (+19 pps), pero en un lapso de cuatro años.

En Europa, el desempleo había tomado casi una década reducirlo de 12% a 7,5% de 2019. Se está pronosticando que este llegaría a 10% en 2020. Si bien luce como un deterioro moderado, gracias a fuertes políticas contra-cíclicas, este desempleo mostrará marcada “histéresis”, pues tardará varios años antes de regresar a 7,5%.

Ocde y Cepal (2020) pronostican que el desempleo en América Latina escalará de 9% a 12% durante 2019-2020. Empero, esta cifra enmascara el efecto de reducción en la participación laboral resultante de la elevada informalidad y trabajadores “cuenta-propia”. Al considerarlo, el desempleo promedio llegaría a 16% (+7 pps de deterioro).

En Colombia, ya teníamos una tendencia alcista en el desempleo, elevándose de 9% hacia el 11% durante 2015-2019. El pronóstico de consenso apunta hacia un 16% en promedio durante 2020 (ver gráfico adjunto). Ahora bien, si ajustamos por efectos de caída en participación laboral (según lo antes explicado), en realidad se tendría 20% en promedio durante 2020 (sabiéndose que la cifra de abril fue un penoso 23% a nivel urbano).

Así, el mercado laboral global estará enfrentando dilemas que conjugan factores de demanda-sectorial y de oferta-generacional. En el caso de la demanda, tenemos sectores intensivos en mano de obra negativamente afectados (como aviación, turismo, hotelería, entretenimiento, etc.). En países avanzados estos pueden comprometer un 25% del PIB-real y en emergentes intensivos en turismo hasta un 40% del PIB. Así, hablar de un “nuevo-normal” con PIB a 90% resulta ser una ilusión para muchos.

Se escuchan recurrentes voces de socorro para dichos sectores. La paradoja es que estos se acompañan de declaratorias de insolvencia por parte de muchas de esas firmas. Esperar entonces que el Estado pueda continuar extendiéndoles subsidios y créditos, como si fueran meros problema de caja, suena a quimera, aun para muchas Pyme.

El salvataje Estatal debe ser selectivo en función de los activos que representen verdaderos bienes públicos (como el caso de Avianca que se ha discutido a través de Boceas). No son bienes públicos los restaurantes, los hoteles, ni las empresas de entretenimiento (y lo digo con mucho dolor por propietarios y miles de trabajadores que allí laboran).

En lo referente a la oferta laboral-generacional, el problema radica en la alta informalidad de una población joven, usualmente con baja capacitación, y que representa cerca de 40% en América Latina. La teoría económica lleva décadas preguntándose: ¿Por qué en vez de reducir los salarios de forma generalizada en momentos de crisis, las firmas suelen optar por despedir la porción “vulnerable” de trabajadores y preserva la porción esencial de la firma?

En efecto, en momentos de crisis, las firmas suelen retener a los “indispensables” y exigirles mayor productividad a cambio de mantenerles el sueldo, mientras despiden a los no esenciales. Esto se refleja en alto desempleo y tensión social, pero resulta ser lo “racional” desde el punto de vista micro-corporativo para tratar de mantener la firma a flote.

Desde el punto de vista social el clamor (hipotético), en un ciclo bajista, sería intentar retener a todos los trabajadores, pero ello requeriría proceder a recortarles el sueldo pari-passu. El problema económico con esta otra opción, más social y menos micro-corporativa, es que ella no cumple con el requisito de sobrevivencia empresarial: en épocas de crisis deben reducirse los gastos (dado el desplome de los ingresos) y, además, se requiere mayor productividad para enfrentar el ciclo de recuperación. Esta ha sido la esencia de la “destrucción-creativa” que postulara Schumpeter en 1947 tras presenciar los estragos de la Gran Depresión de los años treinta.

Un ejemplo reciente de esta dualidad social-económica tiene que ver con el programa de apoyos Estatales hasta de 40% de 1 Smlv en pagos de nómina de empresas que hubieran perdido por lo menos 20% de su facturación por cuenta de la pandemia. Bajo este enfoque se busca mantener el máximo de trabajadores, lo cual es consistente con el objetivo social de minimizar el impacto sobre eventual pobreza.

Pero para los sectores con afectación duradera, probablemente a dos años vista (arriba mencionados), nótese que esta estrategia no asegurará la sobrevivencia empresarial. Simplemente no se estaría asegurando la reducción del gasto de forma significativa, ni incrementando la productividad a nivel micro (resultante de la estrategia de “preservar la esencia del negocio”).

En cambio, curtidos políticos están impulsando la alternativa intermedia de bajar los sueldos a todo el mundo y continuar con los subsidios y créditos bancarios. Esta estrategia, infortunadamente, no es la que le dará sostenibilidad empresarial a los sectores afectados por este duro choque del covid-19.