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Un breve balance decembrino…

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Hace exactamente un año, en medio de mis reflexiones decembrinas creí, como muchos, que 2016 había sido el año de mayor dificultad en materia económica de la última década. Si bien anticipaba, en línea con el grueso del mercado, que la dinámica productiva había tocado fondo y que pese a los enormes desafíos 2017 podría ser el año de la recuperación, el proceso de desaceleración se tornó más profundo y desafiante de lo previsto. En efecto, durante 2017 se terminó de consolidar la larga y profunda fase de ajuste de la actividad productiva y con ello el crecimiento más bajo de los últimos dos lustros.

El crecimiento de sectores como la industria, el comercio, la minería y la construcción ha sido prácticamente nulo y, en ciertos casos, negativo. El consumo de los hogares, otrora motor sólido de la demanda interna, presentó una debilidad no vista hace mucho tiempo, acompasada de la poco deseable y persistente pérdida de confianza.

Por su parte, el choque en nuestros términos de intercambio continuó heredando ajustes en materia externa y fiscal. De hecho, Colombia continuó evidenciando debilidades para mejorar su posición en cuenta corriente a pesar de la devaluación del peso y la recuperación de los precios del petróleo, lo que ha llevado a aumentos acelerados de la deuda externa.

Las alertas también pasan por lo fiscal, en especial, por la credibilidad para cumplir las metas de mediano plazo. Y es que a pesar de que la Reforma Tributaria de 2016 fue totalmente necesaria, parece que no será suficiente para atender las nuevas y crecientes necesidades del gasto a partir de 2019. Adicionalmente, esta última reforma resultó minando, aún más, la confianza de los consumidores, que ya completa más de 20 meses consecutivos en terreno negativo. La incertidumbre asociada a la estabilidad y a la regla fiscal terminó pasando factura con el reciente Downgrade por parte de Standard & Poor’s, quien ubica hoy a Colombia en la categoría BBB-, una calificación a la que es posible que converjan las demás agencias de calificación en los próximos meses.

Sin embargo, cosas buenas y prometedoras también ha traído 2017. Entre ellas, la normalización climatológica que, de la mano de las acertadas decisiones del Banco de la República (BR), contribuyó a la marcada desaceleración de la inflación. De hecho, la inflación finalizará el año muy cerca del rango meta de la política monetaria, lo que ha permitido que el BR profundice el ciclo bajista de tasas de interés para impulsar la economía y así abonar el terreno para la recuperación económica en 2018.

También fue plausible la confianza que persiste por parte de los inversionistas internacionales en nuestra economía y en nuestros mercados financieros. La constante participación de fondos de capital extranjero en la compra de activos locales permitió valorizaciones importantes y el influjo de sustanciales recursos para el financiamiento local.

Con optimismo fundamentando espero que los resultados económicos de 2017 sean el punto final del difícil momento por el que atravesó el país en el último trienio. Mis anhelos, así como las perspectivas que hoy nos rodean, reposan en un mejor 2018, donde se materialice una recuperación económica significativa. Con ánimo constructivo debemos también alinear esfuerzos para construir un espíritu democrático responsable que nos permita elegir la opción más adecuada para escalar los peldaños de un mayor desarrollo.

¡A todos les deseo una muy Feliz Navidad en unión de sus seres queridos y un 2018 cargado de esperanza y buenas noticias!

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