Analistas 13/01/2021

Cooperación entre rivales

Nunca entendí por qué la rivalidad entre Antioquia y Valle del Cauca, que si bien es sana en el sentido competitivo, no ha estado acompañada igualmente de una buena dosis de cooperación y coordinación. Quizás porque aun siendo caleño por nacimiento, del lado materno, de origen enteramente paisa, aprendí a apreciar esa cultura de emprendimiento que tanto les admiramos. La verdad, y esto va mas dirigido a mis coterráneos, nos hemos concentrado más en la emulación, ignorando por completo un inmenso abanico de posibilidades para crear sinergias regionales en un eje de desarrollo que ambos pueden liderar conjuntamente, y que va desde Pacífico Ecuatoriano hasta el Golfo de Urabá y que engloba nueve departamentos.

Este enfoque es solo hasta ahora posible porque salieron del juego, por válidas razones ambientales, dos situaciones que lo hubieran perturbado; los puertos de aguas profundas de Bahía Málaga y de Tribugá. Si a esto le sumamos las autopistas que conectarán a Medellín con Apartadó, la finalización de la doble calzada Buga-Buenaventura y el proyecto de puerto en el Golfo sobre el Caribe, prácticamente quedan armadas todas las piezas para un gran corredor de transporte entre el puerto antioqueño hacia el Atlántico y los tres puertos de Buenaventura hacia el Pacífico. En la mitad queda nada menos que los tres prósperos departamentos del Eje Cafetero; Caldas, Risaralda y Quindío. Antioquia por su lado arrastra económicamente el Chocó, y el Valle hace los mismo con Cauca, Nariño y Putumayo.

El panorama no podría ser más prometedor para los dos polos económicos. Si una empresa en Yumbo quiere exportar más rápido hacia el Atlántico lo haría por el puerto paisa. En el mismo sentido, no habría motivo para que las exportaciones de Antioquia y el Eje Cafetero, con destino al Pacífico, no lo hagan por Buenaventura. Todo esto sin utilizar un solo puerto de la Costa, que estaría a cientos de kilómetros adicionales, o atravesar la Cordillera Oriental, o hacer el tránsito por Bogotá.

Esta perspectiva nos transforma de rivales a socios en una movida geoestratégica de desarrollo a futuro sin precedentes en el país. Además, sería una forma de revertir una persistente pérdida de peso conjunta en el PIB nacional. En 1990, según el Dane, el porcentaje del PIB nacional para Antioquia era de 17,11% y para el Valle de 11,65%, mientras para Bogotá era de 23,24%.
Casi 30 años después, en 2019 esos porcentajes eran 14,46%, 9,72%, y 25,5% respectivamente. Más de cuatro puntos perdidos entre los dos primeros y más de dos puntos ganados para Bogotá. No hay que ser adivino para saber en donde está el verdadero rival cuya atracción gravitacional ha succionado talento, empleos, y desarrollo.

Ahora bien, Bogotá, nuestra hermosa capital, que se ha convertido en mi segundo hogar, siempre será un coloso económico, ayudado en no menor medida por el centralismo arraigado. Pero potenciar y articular las sinergias de todo el Occidente de Colombia con 35% de su población y con 32% del PIB nacional, con anclas en dos océanos, y con la posibilidad incluso de habilitar para Ecuador un corredor exportador hacia el Atlántico, constituye un detonador de crecimiento que no podemos ignorar. Bien enfocado, puede irrigar de desarrollo y fuentes de trabajo a zonas socialmente vulnerables del Litoral Pacífico e incentivar más la producción agropecuaria legal en la Cordillera.

Todo esto si tan solo dejamos del lado la rivalidad y uniéramos esfuerzos enfocándonos en las posibilidades reales y maravillosas que están frente a nuestros ojos.