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Es marzo de 2026. Los periodistas que cubrimos todo el Gobierno Petro ya llevamos cuatro años denunciando cada uno de los hechos de corrupción y excesos que se han presentado en una administración llena de cuestionamientos. En mi caso, he publicado investigaciones sobre cada uno de los funcionarios poderosos del círculo cercano del presidente que han tenido problemas con la justicia, escándalos o acusaciones de corrupción. Lo he hecho los últimos 10 años en los gobiernos que he cubierto, con independencia y rigor.
También sobre congresistas que sirvieron a esos intereses de manera irregular, como en el caso de Wadith Manzur, hoy detenido por el caso UNGRD y sus chats para votar las solicitudes de crédito internacional del Ministerio de Hacienda.
Pero también hemos investigado y publicado sobre Laura Sarabia y su entorno; el ministro Armando Benedetti; Hollman Morris y RTVC; Augusto Rodríguez y la UNP; Angie Rodríguez y el DAPRE; la Dirección Nacional de Inteligencia; Findeter; Fiduprevisora, y un largo etcétera.
La tolerancia del Gobierno a esas investigaciones y publicaciones ha sido cero. El propio director de la UNP nos ha hecho señalamientos públicos al aire, atacándonos por hacer lo que hacemos los periodistas: conocer, comprender, corroborar y contar. Eso mismo han hecho varios funcionarios, incluso poniéndonos en riesgos de seguridad.
Por eso es clave que los principales candidatos a la Presidencia, que tienen hoy la mayor posibilidad de llegar a la Casa de Nariño, fijen una posición frente a la libertad de prensa, la libertad de expresión y el respeto a la institución histórica y elemento fundacional de la democracia liberal que es el periodismo.
Aquí van algunas preguntas para Iván Cepeda, Sergio Fajardo, Claudia López, Paloma Valencia y Abelardo De la Espriella:
¿Tendrán un gobierno que respete a los periodistas, las preguntas incómodas y los cuestionamientos?
¿Serán tolerantes a las críticas?
¿Usarán canales internos en los medios para pedir cabezas cuando les resulten incómodos algunos periodistas? ¿Responderán preguntas y cuestionamientos sobre su pasado, sus decisiones del pasado, investigaciones anteriores y la aparición de sus nombres en expedientes o en correos que los vinculan? ¿Insultarán periodistas para desacreditar la institucionalidad del periodismo, como lo hace Trump en la Casa Blanca? ¿Responderán con el libreto de las “fake news” cuando haya investigaciones que los interpelan?
¿Protegerán a los periodistas, garantizarán su seguridad?
¿Atacarán a los medios como estrategia electoral?
¿Usarán bodegas para consolidar mensajes contra periodistas?
¿Respetarán la independencia del periodismo?
¿Garantizarán el acceso a la información de forma ecuánime, incluso a críticos de su gobierno?
El periodismo no está pintado en la pared.
Y aun con todas las críticas serias a los medios, por las que debemos responder, los periodistas en Colombia se enfrentaron durante décadas a los narcos, los paramilitares, la guerrilla, las fuerzas militares y los poderosos que siempre intentaron silenciarlos.
Como periodista, mi promesa de valor es la rigurosidad y la independencia. Y como periodista seguiré indagando al poder, no para complacerlo, sino para exigirle respuestas, encontrarle contradicciones e investigarlo.
Los ataques y los intentos de ridiculizar por errores menores, el recurrir a la edad para minimizar o deslegitimar, son herramientas de la soberbia pueril a la que se le responde solo con más rigor y más periodismo. Es importante que los candidatos respondan estas preguntas, que no solo están en el debate público en Colombia, sino en el mundo.
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