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Encontrar el para qué

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El lugar de trabajo puede convertirse en un espacio que genere la sensación de estar atrapado

El trabajo no solo permite tener un sustento, sino que es la forma para desarrollar un oficio o una profesión, al suministrar un servicio a la sociedad con los talentos, capacidades y conocimientos que se tienen, y que con dedicación se han adquirido para desempeñar una buena labor.

El sentido del trabajo, al igual que otros aspectos de la sociedad actual, han cambiado y se hace necesario que las personas resignifiquen lo que es para ellos, lo que representa en su vida frente a algunas disyuntivas como las siguientes: se vive para trabajar o se trabaja para vivir, se trabaja solo para ganar dinero o también para lograr satisfacción, se trabaja en lo que gusta o en lo que toca o se trabaja para competir contra otro o para colaborar en la construcción de nuevas realidades.

El lugar de trabajo puede convertirse en un espacio que genere sensación de estar atrapado sin opción, al tener que responder solamente por la necesidad de sustento, dejando de lado la satisfacción de servir, y la gratitud por el hecho de ejercer una actividad laboral. Esto se evidencia en ambientes de trabajo hostiles, en la alta rotación de personal, en la desmotivación para desempeñar las responsabilidades asignadas, y como consecuencia lleva a una baja productividad.

¿Cuál es el reto entonces en las organizaciones para que sus colaboradores recuperen el sentido del trabajo y, por ende, la satisfacción de tener una labor? Son múltiples las posibles respuestas, pero existe una que emerge desde tres aspectos organizacionales que cada vez más se deben gestionar integralmente, como son la comunicación, la sostenibilidad y la cultura.

La gestión comunicacional con los colaboradores debe hacerse de forma integral, comunicarles no solo lo que la organización espera de ellos haciendo énfasis en los indicadores que deben cumplir; sino asegurar la comprensión del para qué se buscan estas metas y de cómo esto aporta a la sociedad; porque allí es donde se encuentra el sentido a la labor. Este para qué se trabaja, debe expresarse en una narrativa con enfoque aspiracional que movilice e inspire.

Así mismo, este enfoque aspiracional promueve en los colaboradores la identificación y comprensión de cómo su trabajo aporta al desarrollo sostenible, en los ámbitos social, ambiental y económico, para construir entornos vivibles, equitativos y viables, haciendo que su labor trascienda en el presente y hacia las generaciones futuras.

Por otra parte, la movilización de la cultura propicia espacios organizacionales para que el nuevo sentido del trabajo que identifique cada colaborador pueda afianzarse en un ambiente donde se promueva más el trabajo colaborativo que competitivo, con más satisfacción por expectativas cubiertas que frustración por promesas incumplidas, y con más posibilidades de construir conjuntamente como superar obstáculos que señalamientos al no cumplir los indicadores. Esto impulsa el trabajar con un objetivo mayor que no solo agrega valor a la organización, sino también a la sociedad.

Tener un trabajo con vitalidad, sentido y compromiso no es una decisión o responsabilidad que recae únicamente en el colaborador de la organización, sino que es un reto organizacional. Esto se debe a que los beneficios de encontrar sentido al trabajo cotidiano también permiten aportar de manera significativa a la calidad de vida de los colaboradores, propiciar una sociedad más sana con menos estrés, así como mayor disposición a la solidaridad y a la convivencia.

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