Analistas

Comunicadores, a despertar

El mundo grita y el silencio se expresa con la indiferencia. Un mundo que ha perdido el orden de magnitud porque una vida es tan solo una cifra y millones de vidas no ameritan ni un titular de periódico ni la difusión en redes sociales. Porque, a pesar de que estamos inmersos en múltiples canales y medios de información, es la época de menos comunicación que hayamos vivido.

El espacio de comunicación pareciese que se ha limitado a lo que cabe en una pantalla. Bajo todo pronóstico, esto que al parecer era una gran oportunidad se ha convertido en una amenaza latente de falta de conciencia por el bien común. 

La realidad que se transmite en directo al mundo a través de múltiples dispositivos, se presenta como una película de ficción y en el mejor de los casos de drama. Pero película, al fin y al cabo, porque, no se toma como real y cuando se termina de ver, solo resta una palabra de asombro, lástima, un like o nada. Es así como en este mar de información se están invisibilizando y hasta negando realidades.

La realidad y sus urgencias no son ficción. Hace menos de 15 días, Naciones Unidas hizo un llamado: “el mundo vive la mayor crisis humanitaria desde 1945” porque 20 millones de personas corren el riesgo de padecer hambruna en Sudán del Sur, Somalia, Yemen y el noreste de Nigeria. Este llamado de Stephen O’Brien literalmente dice: “sin un esfuerzo global colectivo y coordinado, la gente simplemente morirá de hambre”. Además, en lo que va corrido de este año, son 525 inmigrantes muertos en el Mediterráneo, cifra superior al año pasado. 

Esta realidad de vidas humanas en peligro o ya perdidas no ha sido suficiente para generar una conciencia. Se habla de que la comunicación es el quinto poder, y antes estaba en las manos de pocos, ahora parece que está en las manos de todos. Ese poder expresado en palabras es una de las armas más poderosas que hoy se emplea para generar conflictos permanentes. Porque la palabra se usa para dar opiniones desinformadas, señalamientos sin fundamentos que descalifican y quitan credibilidad, esperanza y capacidad propositiva.

Por todo lo anterior y mucho más, una de las profesiones que se debe despertar es la Comunicación Social; porque esta no se concibió para divulgar únicamente, sino para transformar realidades. No se puede dejar de lado que esta tiene un apellido y es social, lo cual implica que debe actuar en y para la sociedad. La comunicación propicia la interacción, la escucha, el diálogo y la unión de esfuerzos para construir tejido social.

Si se aprovecha todo el potencial comunicacional; se debe primero dar conocer el tema que se quiere movilizar para que no solo se opine, sino que las personas tengan el conocimiento suficiente para argumentar, decidir y cambiar de actitud; posteriormente, al com- prender, pueden encontrar un sentido, significado y un valor. Aquí es cuando se puede lograr la aceptación, el involucramiento y la generación de acciones individuales que, sumadas a las acciones colectivas, permitan construir entornos pacíficos y solidarios. 

Con la gestión estratégica de la comunicación se puede construir confianza, relaciones y recuperar el sentido de trabajar unidos por el bien común del país y del mundo. Los temas que se viven no son temas de periódico de ayer que con solo pasar la página dejan de existir; por esta realidad y por muchas otras que requieren de acciones urgentes para generar conciencia, todos los comunicadores deben empoderarse, desde todos sus ámbitos, para aportar a la transformación de realidades.