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La Vivienda de Interés Social: tres realidades, un desafío

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Sandra Forero

El país vive una verdadera revolución de la vivienda social. La consolidación de un programa como Mi Casa Ya y las medidas adoptadas en el Plan Nacional de Desarrollo han sido, en buena medida, las fuentes de ese desempeño y han permitido consolidar un modelo de acceso a la vivienda formal para la población de menores ingresos, y que hoy nos permite destacar un avance sin precedentes en la promoción y desarrollo de proyectos de VIS en Colombia.

El balance de este propósito de país tiene dos realidades y un desafío.
La primera realidad es que hemos llegado a niveles récord de inversión en vivienda social por parte de los hogares. En 2019, 119.000 hogares accedieron a vivienda social, cifra que duplica los niveles observados a comienzos de la década, y que en el último año creció 9%. Así mismo, en 2019 se lanzaron 120.000 unidades de vivienda social, lo cual significa un 17% más que en 2018, y deja en balance 973 proyectos constructivos este segmento.

Estos resultados se hacen se hacen más significativos incluso al analizar el desempeño de la Vivienda de Interés Prioritario - VIP; la cual durante 2019 logró crecimientos de 132% y 143% en las ventas y en el lanzamiento de proyectos, respectivamente. Estos resultados reflejan un contexto de confianza muy favorable para todos los actores, pero, sobre todo, la materialización de un esfuerzo colectivo en torno al propósito común de construir comunidades, formalidad, desarrollo urbano e inversión con impacto social y generación de bienestar.

La segunda realidad es que la vivienda social ha logrado un gran alcance regional. Para un tercio de las regiones del país, la participación de la vivienda social en el mercado de vivienda nueva representa más del 65% y para un segundo tercio, representa más del 50%. Este modelo de acceso a la vivienda ha permitido que a través del desarrollo de proyectos VIS, se pueda llegar a regiones con gran potencial de beneficiarios y que históricamente habían estado marginadas de este progreso.

En este contexto, también los entrantes gobiernos municipales y departamentales pueden encontrar en la vivienda social una fuente de desarrollo regional con carácter social en la reducción de la pobreza, la redistribución del ingreso y la solución al déficit habitacional, pero también con un gran efecto positivo sobre el bienestar y el crecimiento económico mediante la creación de empleo, la demanda de insumos y la dinámica industrial y de servicios. La construcción de una vivienda social dinamiza el 54% del aparato productivo y genera dos nuevos puestos de trabajo.

La tercera realidad es que la vivienda social en el marco del Programa Mi Casa Ya garantiza la ejecución efectiva de los recursos dispuestos para su financiación. Desde agosto de 2018 se han ejecutado más de 50.000 subsidios, superando las metas establecidas y con un atributo adicional y es que el 61% de estos recursos se han focalizado en hogares beneficiarios con ingresos mensuales inferiores a los 2 salarios mínimos.

Este eficiente desempeño en la ejecución de los subsidios continuará. En las primeras siete semanas del 2019, a través del programa Mi Casa Ya se asignaron más de 3.700 subsidios, triplicando el volumen asignado durante el mismo periodo en los años previos.

Así, el desafío será entonces sostener esta positiva dinámica de la Vivienda de Interés Social, y seguir usando la vivienda formal como un efectivo instrumento para el cierre de brechas sociales, la reducción de la pobreza, un mejor entorno de equidad y el impulso al desarrollo y bienestar regional, en un país donde el 70% de la población tiene ingresos mensuales inferiores a cuatro salarios mínimos, 4 de cada 10 hogares viven en condición de arrendamiento y persiste una condición de déficit habitacional para un gran número de hogares en todas las ciudades del país.

La pregunta es cómo lograrlo, y la respuesta es mediante la suficiencia de recursos para financiar los programas de vivienda de interés social. Las decisiones de compra de los hogares, la estructuración y desarrollo de los proyectos, el alcance regional y la materialización de todos esos logros sociales y económicos derivados de la vivienda, tienen como común denominador un marco de certeza sobre la disponibilidad de subsidios para que todos los hogares que se han sumado y se van a sumar a esta apuesta de país sigan viendo una fuente de movilidad social en esta revolución de la vivienda social en Colombia.

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