Analistas

Tiempos de volatilidad cambiaria

La eventual normalización de la política monetaria norteamericana está causando estragos en los mercados cambiarios de algunas naciones emergentes. La reactivación económica de Estados Unidos, y la consiguiente expectativa de que la Reserva Federal adopte una postura menos expansiva, tienen repercusiones internacionales. 
 
Los mercados de capitales se han anticipado a incorporar a los precios de los activos financieros los efectos de una política monetaria menos laxa.  La liquidez internacional empieza a hacerse menos abundante.  Las tasas de interés tienden a aumentar.  El rendimiento de los bonos del Tesoro se ha incrementado.  La repatriación de capitales, impulsada por la aversión al riesgo, ha estado acompañada de movimientos especulativos y de volatilidad en los mercados cambiarios.  
 
Si bien las naciones emergentes consideraban conveniente  moderar la creación de liquidez internacional, el reacomodo a las nuevas circunstancias no ocurre de manera suave ni ordenada.  Los países que deben acometerlo a partir de  desequilibrios macroeconómicos, resultan vulnerables a ajustes pronunciados.  Eso explica la magnitud de la devaluación que han tenido las monedas de la India, Indonesia, África del Sur, Brasil y Turquía.
 
Las oscilaciones de los flujos internacionales de capitales han puesto de presente la creciente interdependencia entre las naciones industrializadas y las emergentes.  En vez de haber ocurrido el denominado desacoplamiento entre países industrializados y países en vía de desarrollo, como predijeron algunos, ha ocurrido el fenómeno contrario.  Las comunicaciones, el cambio tecnológico, el comercio, los medios de transporte y los mercados de capitales han adquirido dimensiones globales. La integración de los mercados mundiales conlleva el peligro de que los problemas específicos de determinado país sirvan como detonante de una crisis generalizada.
 
En el cuarto año del período presidencial, cuando predominan los temas con implicaciones electorales, conviene reflexionar sobre las razones por las cuales Colombia, a diferencia de otras naciones, ha podido sortear el oleaje externo con relativa tranquilidad.  El ajuste de la tasa de cambio que ha tenido lugar es moderado, ha sido recibido con beneplácito, se encuentra dentro del rango que el equipo económico consideraba deseable y representa un alivio para la industria y para el sector agropecuario.    
 
En forma gradual y consistente, el país ha logrado estructurar unas directrices macroeconómicas que incluyen el manejo fiscal disciplinado, la meta de inflación objetivo y una tasa de cambio flexible. Estos componentes actúan como estabilizadores automáticos en caso de choques externos.  El ritmo de inflación bajo y estable facilita la implementación de medidas monetarias anticíclicas y la política económica ha ganado credibilidad y es previsible.
 
Lo anterior no debe interpretarse como un llamado a la complacencia.  A mediano plazo, siguen pendientes las reformas requeridas para reducir el costo país, mejorar la competitividad y elevar la calidad de la educación. También hace falta el fortalecimiento institucional necesario para evitar el tropiezo conocido como la trampa de los países de ingreso medio, pero en lo que concierne al problema inmediato, puede afirmarse que las autoridades económicas han demostrado tener la capacidad para amortiguar el impacto de la turbulencia financiera internacional.