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Paraguay después de Mercosur

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Carlos Díaz Alejandro afirmaba que la ventaja de interesarse en la actualidad latinoamericana era que uno nunca se aburría. El giro que han tomado los acontecimientos relacionados con Mercosur así lo demuestra. La ceremonia presidencial del 31 de julio en Brasilia, para oficializar el ingreso de Venezuela al grupo mencionado, estuvo marcada por divertidos vuelos de exuberancia retórica.  Se proclamó la aparición de un eje de poder geopolítico.  Se anunció el surgimiento de la quinta potencia económica del planeta, acontecimiento que pasó desapercibido en el resto del mundo.  Si en efecto, lo  ocurrido representó una derrota para el imperio, Washington no se dio por notificado.

En realidad, el evento tuvo bastante menos trascendencia. Lo que se celebró con discursos altisonantes fue una modesta reconfiguración interna consistente en expulsar a Paraguay para permitir el ingreso de Venezuela. El cambio fue promovido por Brasil y Argentina, con la complicidad sumisa de Uruguay. La maniobra se llevó a cabo en abierta violación de la norma acordada por el Tratado de Asunción para incorporar nuevos miembros a Mercosur. Haber contribuido a desmantelar las defensas institucionales que protegen los intereses de los países pequeños no constituye un triunfo memorable de la diplomacia uruguaya. La Nación Oriental ya tendrá oportunidad de lamentar el gesto de debilidad del presidente Mujica.

Lo interesante es comparar las alternativas que se le presentan a Paraguay para salir de la encrucijada en que se encuentra. Una posibilidad es aceptar su condición de paria,  regresar de rodillas a  Mercosur  y legitimar con su aquiescencia el atropello al cual se le sometió. Pero hay una fórmula imaginativa que les permitiría a las autoridades paraguayas resarcirse del trato humillante recibido y transformar la aparente derrota en un triunfo. Lo que la dignidad nacional y sobre todo la propia conveniencia económica le recomiendan a Paraguay es formalizar su retiro inmediato de Mercosur. Esto le facilitaría adoptar la postura comercial que corresponde a una economía pequeña: integrarse a la economía mundial, adoptar un arancel uniformemente bajo y negociar tratados de libre comercio con los principales países industrializados y con naciones amigas en América Latina. Esa estrategia les ha producido resultados favorables a Chile y a Panamá. Al contrario, el proteccionismo del Arancel Externo Común de Mercosur resulta perjudicial para  un país exportador de commodities y un PIB del orden de US$21.000 millones  como Paraguay. Lo obliga a otorgarles a sus socios trato preferencial para bienes manufacturados  de menor calidad  y mayores precios que los que rigen en los mercados internacionales.

Recorrer el camino que se sugiere no será fácil. Se trataría nada menos que de conformar una isla de libre comercio en medio del mercantilismo trasnochado del Atlántico Sur. Esto implica asumir un costo alto, pero no tan alto como el que tendría resignarse a aceptar la deshonra. Defenderse con altivez va a requerir audacia y valentía. Pero los paraguayos demostraron tener valentía en abundancia durante la guerra con Argentina, Brasil y Uruguay entre 1865 y 1870.

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