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Analistas 14/05/2026

El Rey constitucional y el autócrata

Rodrigo Botero Montoya
Exministro de Hacienda

La visita de Estado del rey Carlos III a Washington tenía ostensiblemente el objetivo de celebrar el aniversario 250 de la independencia de Estados Unidos.

No obstante la impopularidad del presidente Donald Trump entre los británicos, y el grado de deterioro al que habían llegado las relaciones bilaterales con motivo de la guerra de Irán, el gobierno de Keir Starmer decidió proceder con la visita del rey, en un intento por calmar los ánimos. Trump había acusado a Starmer de cobardía por su reticencia a adherir a la guerra contra Irán y se había burlado de la capacidad militar de la Armada británica.

A su turno, el embajador del Reino Unido ante la Casa Blanca afirmó que quizá la única relación especial de Estados Unidos era con Israel.

Así pues, al rey se le encomendó un delicado recorrido diplomático de alto riesgo por un campo minado, habida cuenta del carácter impredecible e impetuoso de su anfitrión.

La visita resultó ser un éxito indiscutible, que incluyó una ovación de pie a su discurso ante el Congreso de Estados Unidos.

Varios factores contribuyeron a ese resultado. Para el descomunal ego de Trump y su aspiración monárquica, la presencia de Carlos III le dio el pretexto para codearse con la realeza británica, algo que no ha logrado en la élite social neoyorquina. La Casa Blanca publicó una fotografía de Carlos III con Donald Trump, titulada Dos reyes.

La visita real le permitió al presidente exhibir la decoración versallesca que ha venido agregando a la sencillez republicana del edificio.

Por su parte, el rey -quien no puede opinar sobre política ni referirse a temas controversiales de actualidad- transmitió su mensaje con prudencia, inteligencia y fino humor. Sin transgredir las restricciones protocolarias, enfatizó la necesidad de proteger la naturaleza, destacó el respaldo a Ucrania y recordó que la única vez que se ha invocado la cláusula de defensa colectiva de la Otan fue a favor de Estados Unidos, tras el atentado terrorista contra las Torres Gemelas en Nueva York.

El rey hizo referencia a su servicio militar en la Royal Navy. Su anfitrión, en contraste, logró evadir el servicio militar mediante una discutible excusa médica. Recordó también que Canadá ya tenía rey y mencionó que los británicos intentaron remodelar la Casa Blanca en 1814, cuando la incendiaron.

El hecho sobresaliente de la visita fue que, en medio de los elogios a los lazos comunes entre ambas naciones, un monarca constitucional sentó cátedra en Washington sobre los pilares de la democracia: separación de poderes, imperio de la ley, prensa libre y justicia independiente. Hizo referencia a la Magna Carta, el documento que los barones obligaron al rey Juan a suscribir en 1215 y que impuso límites precisos al ejercicio del poder real.

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