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Analistas 19/08/2021

Colombia y el cambio de régimen en Perú

Rodrigo Botero Montoya
Exministro de Hacienda

La orientación que le está dando Pedro Castillo a su gobierno concierne a otros países, en particular a aquellos de su entorno cercano. En el caso de Colombia, además de compartir una frontera, hay vínculos estrechos como lo atestiguan la participación conjunta en la Comunidad Andina de Naciones y la Alianza del Pacífico. En materia económica, puede señalarse un intenso movimiento de personas, bienes y capitales entre los dos países. Eso explica el interés que han demostrado los medios de comunicación locales por el proceso electoral peruano y por su desenlace. El giro ideológico adoptado por el nuevo gobierno introduce un elemento de incertidumbre acerca del futuro de la relación bilateral.

Adicionalmente, pone de presente la duda acerca de la trascendencia que debe asignarse al cambio que ha tenido lugar. Una manera de interpretarlo sería atribuirlo a circunstancias excepcionales originadas en condiciones peculiares del Perú. Otra manera diferente sería entenderlo como un preludio de lo que puede acontecer en Colombia.

Las reflexiones siguientes tratan de analizar esa disyuntiva, sin ofrecer una respuesta contundente. Quien las formula procura evitar lo que Alberto Lleras denominaba la profecía trágica y se abstiene de hacer predicciones acerca de procesos históricos imprevisibles. Si se parte de la hipótesis de que lo ocurrido en el Perú no necesariamente determina la actualidad colombiana, deben hacerse explícitas las razones que la fundamentan.

Una primera observación es la existencia de condiciones típicas de la nación vecina que facilitan la fragmentación política y que la hacen receptiva a las propuestas populistas y a la prédica marxista. Las divisiones sociales están agravadas por segmentaciones étnicas que debilitan la solidaridad nacional. El patrón de asentamiento urbano ha resultado en una capital macrocefálica.

En la economía predominan las actividades extractivas tales como la minería de cobre y de oro. Con pocas excepciones, los dirigentes empresariales se han desentendido de los asuntos públicos y de sus responsabilidades cívicas. Esa falta de compromiso con el bienestar de la comunidad crea distanciamiento entre el sector privado y el sector público. Deja los asuntos gubernamentales en manos de una clase política mediocre y poco responsable. La combinación de estos factores tiende a favorecer la inestabilidad política.

En cambio, hay algunas características colombianas que contribuyen a fortalecer la estabilidad política. El patrón de asentimiento urbano es policéntrico, con cuatro ciudades de más de un millón de habitantes y un número mayor de ciudades menores. La actividad económica no está centralizada en Bogotá. Medellín, por ejemplo, es la sede de varias multilatinas y es un centro financiero y empresarial de primer orden. La diversidad regional contribuye al dinamismo económico además de actuar como elemento de equilibrio. La clase empresarial está comprometida con los asuntos públicos y mantiene un diálogo fluido con las autoridades gubernamentales.

Reconozco que puedo estar equivocado y que las cosas pueden salir mal. El futuro no está predeterminado. La experiencia enseña que más bien que lo inevitable, lo que suele suceder es lo inesperado.