Analistas

Caleidoscopio norteamericano

Con la llegada de la primavera en el Hemisferio Norte, empiezan a brotar indicios tenues, pero positivos, de recuperación de la actividad económica de Estados Unidos.  La generación de empleo registra una tendencia favorable.  El sector manufacturero recobra aliento.  El saneamiento que ha tenido el sector bancario mejora las perspectivas de crecimiento del crédito.  Los consumidores despiertan de su letargo y se preparan para comprar automóviles, bienes de consumo durable y vivienda nueva.  

Debe tenerse en cuenta que la recuperación todavía es frágil.  Podría abortarse, de ocurrir un colapso financiero en Europa o una explosión geopolítica en el Medio Oriente.  Si bien esas eventualidades no pueden descartarse, las probabilidades de que sucedan han disminuido en los últimos meses.  Los mercados financieros recibieron con beneplácito el acuerdo reciente entre Grecia y la Unión Europea para evitar una traumática declaración de moratoria de la deuda externa por parte de las autoridades en Atenas.

En el frente energético también se observa una mejoría, no obstante el aumento coyuntural del precio de la gasolina, originado en las oscilaciones del mercado mundial de petróleo.  Por una parte, las moderadas temperaturas de la estación invernal redujeron la demanda de combustible para calefacción comercial y de viviendas.  Por otra, Estados Unidos ha reducido su dependencia de petróleo importado, debido al aumento de la producción interna y a la disminución del consumo.  En el año 2011, la producción diaria de hidrocarburos fue del orden de 10,3 millones de barriles; la cifra más alta desde la década de los ochenta.  Mientras que en el año 2005 las importaciones representaban el 60% del consumo, en el 2011 esa proporción fue de sólo 45%.  El avance tecnológico que facilita la extracción de 'shale gas', gas de esquisto, ha contribuido a reducir el precio de ese combustible.  Las perspectivas de aprovechar la abundante disponibilidad de  excedentes de gas de Alaska, instalando plantas de compresión de gas, le permitirían a Estados Unidos convertirse en un exportador de gas licuado.

El crecimiento del PIB, estimado en 1,7% para este año, es inferior al crecimiento potencial de la economía norteamericana.   Aunque ese ritmo de crecimiento es insuficiente para inducir una fuerte reducción del desempleo, no puede describirse como un comportamiento recesivo de la demanda agregada.  

El cambio de tendencia de los indicadores económicos y la gradual mejoría que ha tenido lugar en la confianza de los consumidores inciden sobre el panorama electoral.  Hace un año, las circunstancias parecían propicias para que los republicanos pudieran alcanzar el objetivo que se ha convertido en el propósito  central, y casi exclusivo, de su programa partidista: hacer inviable la reelección de Barack Obama.  A la fatiga con la guerra se agregaba el pesimismo económico.   

Ahora los pre-candidatos republicanos están desgastándose en unas elecciones primarias conflictivas, pretendiendo ser los herederos de Ronald Reagan, y haciendo de cuenta que George W. Bush no existió.  Las posiciones extremistas que les ha impuesto el Tea Party le van a dificultar a quien prevalezca la campaña presidencial.