Analistas

Terrorismo y economía

El pasado 17 de junio, Colombia recordó uno de los momentos más difíciles de su historia: el tiempo del terrorismo en las ciudades. Un petardo en el baño de mujeres de uno de los centros comerciales más concurridos del país trajo a la memoria de todos los colombianos aquella época en la que se salía a la calle con la incertidumbre de los bombazos, las balaceras y los secuestros. Al respecto, mencionaba el escritor Mario Vargas Llosa: “las amenazas a la democracia en América Latina son el terrorismo, la debilidad del estado de derecho y el neopopulismo”. Los últimos años en la región así lo han demostrado.

 El terrorismo es ahora un desafío global que preocupa y angustia al mundo entero, no solo por sus consecuencias mortales en términos de vidas sino también por el desasosiego y el miedo que genera. Este se traduce en dos efectos puntuales para la economía: daños y gastos ocasionados a partir de los atentados y un aumento en el riesgo país a la hora de invertir. El Institute for Economics and Peace estima que “en 2014 los costes económicos globales del terrorismo alcanzaron US$52.900 millones”. 

Además, resalta que “ataques como los del 11 de septiembre, pueden tener un impacto económico significativo. La pérdida de vidas y la destrucción de la infraestructura provocadas por el 11 de septiembre se valora en US$14.000 millones solo en Nueva York. Los niveles significativos de terrorismo pueden causar también grandes disminuciones en la producción. En Nigeria, la IED disminuyó en 30% debido al aumento de los niveles de terrorismo en 2010”.

 En el ranking establecido por el Global Peace Index mide el nivel de paz y ausencia de violencia en el mundo. Para este año, Colombia ocupó el puesto número 146 de 158 países, mejorando un lugar respecto a 2016, pero empeorando su calificación, pues el año anterior esta fue de 2,764 y actualmente es de 2,777. 

El caso de Colombia es particular, pues para 2008 el país ocupaba el puesto número 126, 20 lugares mejor ubicado que su posición actual. Es una dicotomía pensar que, según este ranking, los últimos años del “proceso de paz” han empeorado la situación de violencia. Por ejemplo, solo en este año el principal oleoducto del país llamado Caño Limón ha sido dinamitado 28 veces, afectando de manera drástica la economía del país y más de 1.600 empleos. Los recientes ataques guerrilleros han perjudicado la producción de crudo en unos 893.000 barriles. Por otro lado, el Banco de la República reportó una disminución en la IED en un 20,1% en los primeros tres meses de este año.

 El terrorismo se ha tomado los titulares de los periódicos del mundo sembrando en los ciudadanos un sentimiento de desamparo o indefensión por parte de los Estados. Sin embargo, esto no quiere decir que no pueda ser combatido, controlado y prevenido. El Estado debe ganar esta batalla sin doblegarse ante quienes buscan sembrar el temor y sin olvidar la afectación directa que tiene en sus economías. Perderla no es una opción.