Analistas 24/04/2020

La pobreza también mata

Son tantos los comentarios y los “opinadores” no especialistas sobre todo, especialmente en temas económicos, políticos y de salud pública que rodean la Pandemia del covid-19, que se vuelve complejo evaluar con objetividad la trascendencia de lo que ocurre. No queda más que referirse a la metodología de política comparada para dilucidar propuestas funcionales y efectivas, teniendo en cuenta también que nuestro país es objeto de ejemplo porque sin duda alguna el Presidente Duque a tomado decisiones que nos mantienen alejados de la tragedia mundial, según las cifras. Por estos días, he leído con detalle los informes del Fondo Monetario Internacional y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), sobre las consecuencias económicas que pueden sobrevenir, sin embargo, sus escritos acuden también a la falta de certeza que genera la atemporalidad de esta coyuntura y la imprecisión sobre posible llegada de la vacuna como una posible solución definitiva.

Afirma la Cepal que “(…) si el avance de la pandemia provocase una caída del 5% en el ingreso medio de la población activa, el número de latinoamericanos en la pobreza extrema pasaría de los 67,4 millones actuales a 82,6 millones (2020). Si la disminución de ingresos para la población económicamente activa fuese del 10%, esa cifra se dispararía hasta los 90 millones de personas (…)”. Por su parte, como un ejemplo mas regional, el estudio denominado “Efectos económicos y sociales del covid en el Área Metropolitana del Valle de Aburrá” realizado por Proantioquia, la Universidad Eafit, EIA y la Universidad Nacional, afirma que el 40% del empleo total del departamento de Antioquia se encuentra en riesgo y que un día de cuarentena cuesta alrededor de $166.004 millones al departamento, costando en 19 días de cuarentena un total de $3,1 billones, equivalente a 2,1% de su PIB anual. El hambre también mata, es una realidad: según las estimaciones del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, en el mundo se duplicará la población en riesgo de morir de hambre, una cifra aproximada de 265 millones de personas, concentradas un 65% en Yemen, República Democrática del Congo, Afganistán, Venezuela, Etiopía, Sudán del Sur, Siria, Sudán, Nigeria y Haití. Con este sustento dejo algunos apuntes a tener en cuenta:

1. Combatir el virus no es incompatible con combatir la pobreza. Ambos enemigos, al combatirlos, salvan vidas.
2. El Estado se nutre de los impuestos que pagamos los colombianos. En este caso el aporte de las empresas sobre el total del recaudo es mas del 80%. Por consiguiente, salvar las empresas significa, salvar los tributos con los cuales estamos combatiendo la pandemia.
3. Salvar las empresas significa también salvar el empleo y a su vez el ingreso medio y el consumo que mantiene viva la economía.
4. La quiebra de una empresa equivale a romper el tejido social, transcendental para mantener el orden y el acatamiento de las directrices nacionales.
5. Se deben replantear nuevas soluciones a la informalidad que tanto aqueja al país. Para ello, la frase del gran economista Hernando de Soto: se debe informalizar la formalidad no formalizar la informalidad.

Para terminar, es importante hacerle un seguimiento de cerca a la apertura económica gradual que han venido teniendo países como Japón, Alemania, Chile y Perú. Las medidas preventivas deben primar tanto en el transporte público como en las empresas, que pueden convertirse también en unidades de generación de datos y combate eficiente al coronavirus. La apertura gradual, propuesta por el presidente de Colombia, es un acierto, claro esta, siendo conscientes de que la lucha contra el virus pone a prueba nuestra cultura ciudadana y que ante un aumento o empeoramiento no habrá otra medida mas eficaz que el confinamiento obligatorio para toda la población. La unidad y los liderazgos positivos siguen siendo la premisa de este reto histórico. Bien menciona Moisés Naim que “esta crisis tendrá muchas consecuencias inesperadas. Quizás una de ellas sea una fuerte reacción contra los gobernantes pequeños y la llegada de líderes que estén a la altura de los grandes problemas que tenemos”.