Analistas

Desastres naturales y economía

Hace algunos años presenté mi proyecto final para pasar a secundaria. El tema del trabajo fue referente a los desastres naturales, pues luego del terremoto de Armenia en 1999, sentí siempre la inquietud de conocer a fondo este incontrolable suceso. Hoy más que en otras épocas, el mundo vive la fuerza de la naturaleza y las últimas semanas han dado cuenta de esto. Terremotos y huracanes han azotado con fuerza el mundo, dejando ciudades destruidas y miles de muertos. La reaseguradora Munich Re reporta que “entre las 10 catástrofes naturales más importantes desde 1980 se perdieron US$771.500 millones, lo que equivale aproximadamente a un PIB de la Argentina. Estos desastres naturales ocasionaron 110.000 muertes, aunque la inmensa mayoría de estas se produjeron en el recordado terremoto de 2008 en China. Entre estos desastres el que más pérdidas económicas ha causado es el tsunami que afectó a la central nuclear de Fukushima, Japón, en marzo de 2011”.

Al respecto de los desastres naturales existen diferentes teorías económicas; una de ellas indica que estos causan un “estímulo brutal” a la economía. Menciona el economista Mark Skidmore en su estudio “Do Natural disasters Promote Long-run Growth?”, que, en 2008, luego del terremoto en la provincia de Sichuan en China, el PIB tuvo un crecimiento importante; además afirma también que los terremotos en California y Alaska han estimulado la actividad económica. En su estudio, se examinaron los desastres naturales en 89 países y su relación con el crecimiento, concluyendo que países con más desastres naturales tienden a crecer a un mayor promedio en el largo plazo.

Skidmore afirma que “cuando algo es destruido, no necesariamente se reconstruye lo mismo que se tenía porque la tecnología usada en la reconstrucción es diferente y las cosas se hacen más eficientemente”. Sin embargo, Ilan Noy, jefe del departamento de Economía y Desastres en la Universidad neozelandesa de Victoria, comenta que no para todas las economías es beneficioso y que los países pobres tardan décadas en recuperar lo destruido, pues son mucho más vulnerables y los costos del desastre terminan siendo mayores: “la catástrofe de Haití destruyó propiedades valoradas en 120% de su PIB, mientras que en Japón quedó en el entorno del 4% o 5%”.

Esta columna no busca polemizar deseando al mundo más catástrofes naturales para lograr mayor crecimiento en una época de crisis económica como la que experimentamos actualmente, sino más bien en analizar el resultado económico de lo ocurrido y la capacidad de recuperación que tienen los países ante estas devastadoras circunstancias. Países como Japón impactan por su capacidad de crecer económicamente a partir de sus catástrofes. Lo ocurrido en México refleja también el tenor humano de algunas poblaciones que muestran que en medio de la adversidad el ser humano es siempre capaz de superarse, de pararse de las tragedias y seguir adelante.