Analistas 17/04/2020

Lo único constante es el cambio

Gobierno, empresas e instituciones han optado por hacer estrategias para el manejo de estas dos crisis: la de la salud y la de la economía derivada de la disputa del petróleo de los rusos y los árabes. Estas coyunturas convergentes nos han exigido a responder de inmediato para defendernos, pero también pensando y haciendo acciones de mediano plazo de mitigación. Los que hemos tenido que vivir crisis poderosas, hemos venido desarrollando estrategias a largo plazo identificando oportunidades de crecimiento, utilizando información real y análisis permanente con ayuda de los más expertos.

Así mismo, en nuestro círculo de influencia también reconocemos, vivimos e intuimos unos cambios estructurales en nuestras vidas, comportamientos y rutinas que generan ansiedad, agresividad e incluso depresión. Hay mucha incertidumbre sobre la dimensión de esos cambios venideros, también nos hemos vuelto suspicaces ya que nos sentimos vulnerables por la posible falta de asepsia e higiene de personas con que nos relacionamos, los productos que adquirimos y ahora más que nunca, parece riesgoso viajar, llegar a ciudades o países con condiciones, leyes y estándares diferentes y que no conocemos ni confiamos.

Ciertamente, los cambios ya están ocurriendo y han llegado para cambiarnos; un ejemplo es la forma de trabajar desde las casas. Todos hemos comprobado que en algunas especialidades, tareas y empresas, se desempeñan mejor con el teletrabajo y la virtualidad, además de lo que significa en costos para las instituciones y empresas la posibilidad de reducción de gastos en arriendos e infraestructura de oficinas. Por otra parte, ya hay estudios sobre esa nueva forma de trabajar, que genera menos tensiones y conflictos entre personas, y también menos posibilidad de contagios y problemas de salud ocupacional. Desafortunadamente, este nuevo mundo limita las oportunidades para personas que no tienen conocimiento u oportunidades de conectividad virtual, como a los grupos vulnerables, la ruralidad y los mayores de edad. El nuevo escenario también golpea trabajos de gran impacto social en actividades como transporte, aseo, cafeterías, hotelería, turismo, aseo, celaduría, servicios personalizados, y otros que generan alta empleabilidad.

No obstante, también hay muchas cosas buenas como el entendimiento de la responsabilidad por el Cuidado y la solidaridad con las demás personas, de entendernos todos como una única especie más allá de la raza, creencia religiosa, género, condición económica, afinidad política y/o nacionalidad.  Hay que recordar la importancia y el cuidado de otras cuestiones como el aporte y amor infinito de los abuelos; la adquisición de nuevos hábitos de higiene; la exigencia de productos con certificaciones y estándares de calidad de manipulación y producción higiénica; la reafirmación de la independencia, la autonomía e identidad como personas más allá del y ámbito laboral; el reconocimiento permanente por quienes nos cuidan en nuestra salud y seguridad; la urgencia de invertir la correlación del costo del funcionamiento del país sobre las inversiones que nos benefician a todos en salud, educación y productividad; el apoyo a los gobiernos legítimamente elegidos que más allá de la popularidad toman decisiones importantes, y por último, pero no menos importante, la necesidad de apoyar, proteger, beneficiar, reconocer y premiar a nuestro sector productor de alimentos y de empleo.