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Analistas 18/04/2021

La generación de la valeriana

Ramiro Santa
Presidente Sklc Group

Desde el invento de la radio y la televisión la cantidad de información que recibimos al día a través de los medios de comunicación es realmente agobiante, pues sabemos desde los grandes acontecimientos importantes en el mundo hasta el atraco en una calle de Singapur, la creciente de un río en Tanzania, el deshielo en la Antártida, la sequía en Australia, la huelga de moda en París, el fallecimiento algún miembro de la realeza británica, el triunfo de un equipo de fútbol en España, y todo eso en tiempo real.

Ampliamos las fronteras de la información de nuestra comunidad inmediata y como consecuencia de esas noticias lloramos, reímos, sufrimos e incluimos esa información que nos impactó en nuevas conversaciones y así mismo compartimos nuestros sentimientos asociados a las vicisitudes de otras geografía y sociedades.

En el siglo XXI arreció la tormenta de la información, ya las fuentes de las noticias no necesariamente son los medios formales, conocidos y elaborados en su forma y contenido, pues ya cualquiera puede registrar los eventos, interpretarlos y comentarlos. 473.300 tweets por minuto, 3'877.144 búsquedas por Google y 4,3 millones de visitas por minuto en YouTube*.

Lo anterior tiene algunas ventajas pues en segundos podemos conocer situaciones de lugares o situaciones donde quizás aún no han llegado los periodistas ni las autoridades, y sin ninguna censura recibimos las imágenes; pero tiene como desventaja que él originador puede generar alarmas innecesarias o hacer juicios de valor de situaciones de los que no tiene conocimiento o lo que es peor dar información falsa que puede hacer daño o tergiversar la información con algún interés. Es así como aunque todos reconocemos que circulan noticias falsas muchas veces sin validación tomamos la información como verdadera y hasta la compartimos.

Las Informaciones tristes, dramáticas, de injusticias, así sea de realidades lejanas a nuestra cotidianidad y entorno, nos generan sufrimiento innecesario, las noticias en contravía a nuestros principios y valores nos generan ansiedad, angustia y el exceso de información nos puede llevar hasta estados de depresión o enfermedades físicas por somatizaciones.

Si estuviéramos en el siglo XVIII en América y nuestra familia en Europa las noticias más importantes y urgentes serían la de nuestro entorno familia, comunal y económico, pero en ningún caso serían la hambruna, peste o gobierno tirano en países lejanos ni con imágenes desgarradoras.

Si llegara alguna noticia de enfermedad grave de un familiar, desgracia económica con capacidad de afectarnos la carta llegaba tres meses después y nuestra respuesta tardaría en llegar de vuelta otros tres meses dando la posibilidad de prepararse mental, material y sentimentalmente, lo que sería de alto beneficio para la salud mental y física. La realidad y preocupaciones eran igual a nuestro círculo de influencia lo que también nos daría tiempo para ocuparnos de lo importante de forma tranquila y pausada.

De lo anterior podemos concluir que ya no es cierto que el que tiene más información es quien tiene el poder; en estos días el poder está en la capacidad de escoger la poca información relevante que sirve para tomar decisiones y actuar frente a lo importante. En épocas de crisis, coyunturas complejas y para toma de decisiones asertivas debemos ser muy selectivos, responsables y objetivos con la información que consumimos, las fuentes que buscamos y los datos que compartimos. Liberémonos de tanta información y dediquemos más tiempo a lo realmente importante.

*infochannel Staff High Tech editores