Analistas

Halal y Kosher

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Ramiro Santa

En nuestro paradigma de ser el ombligo del mundo solo tenemos como tema y preocupación lo que nos presentan los líderes políticos y generadores de opinión en los medios y en las distorsionadas redes sociales. Seguimos en las discusiones bizantinas acerca de quién tuvo la culpa, quién es más o menos corrupto, el escándalo, la farándula o cuál es nuestra historia para ver cómo me quejo, marcho o demando.

Ya es hora de cambiar de tema de conversación, de reconocer las bondades del país, de nuestras capacidades y fortalezas para identificar, por ejemplo, los nichos que debemos empezar a trabajar para poder generar el bienestar y el desarrollo que hasta hoy nos ha generado con abundancia la industria de la minería y la del petróleo y gas, pero que en el mediano plazo va a cambiar.

El mundo entero sostiene que el futuro de la humanidad está en los océanos y en el campo; también nos han repetido que tenemos todos los pisos térmicos para producir toda clase de productos agropecuarios y así mismo hemos visto cómo nuestros admirables agricultores y ganaderos, que son los empresarios grandes y pequeños del campo, pese a los intereses y condiciones absurdos que imponen los bancos a la ruralidad sin vías ni infraestructura, y nuevamente con la competencia de cultivos ilícitos y presencia de grupos armados hampones, nos hacen llegar leche, café, papá, pollo, carne, frutas, verduras y demás productos.

De lo anterior se desprende nuestra primera obligación ética que es apoyar, preferir y comprar nuestros productos agropecuarios e industriales a los empresarios de nuestro país, pero debemos también empezar a reconocer nuestra potencialidad y factor diferenciador en este futuro próximo.

Solo como ejercicio académico deberíamos pensar en los productos del campo que demanda la comunidad musulmana para alimentación, farmacéutica y cosmética para una población de 1.800 millones de personas de las cuales hay 840.000 en Suramérica y 3.480.000 en Norteamérica, con un crecimiento esperado importante. El mercado “halal” (alimentos que han sido sacrificados según los ritos prescritos y, por tanto, puede ser consumida por los musulmanes) tiene cifras interesantes: de US$45.300 millones en 2016 se proyecta un mercado de US$58.300 millones en 2022.

Así como los requisitos de calidad la comida de la comunidad Judía donde además de los preceptos religiosos con algunas restricciones Kosher; la calidad es sinónimo de sanidad, los requisitos para alimentos y productos musulmanes deben tener también una certificación Halal resultado de rigurosos exámenes de cumplimiento que se pueden cumplir y se están cumpliendo por algunos empresarios agropecuarios e industriales colombianos que producen alimentos e insumos Kosher y Halal.

El mercado invita a nuestros emprendedores actuales y futuros a que estudien con mucho interés esta gran posibilidad e inicien los contactos con los entes certificadores, busquen oportunidades como exportadores a través de los gremios, la academia, las comunidades religiosas y el mismo Gobierno para poder identificar necesidades y así mismo propiciar condiciones para producir estos alimentos e insumos naturales con un gran valor agregado; que cumplan los requisitos, donde la calidad es el estándar ético que asegura todos los productos alimenticios, insumos médicos y cosméticos sean los más saludables, además económicamente rentables para todos los involucrados.

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